Reflexión del Dia: 22 de Noviembre

“Sólo recientemente hemos empezado a darnos cuenta de que negar la pena es negar una función humana natural y que tal negación a veces produce espantosas consecuencias”.
La pena, como cualquier emoción auténtica, va acompañada por ciertos cambios físicos y por la liberación de una forma de energía psíquica. Si esa energía no se gasta en el proceso normal de apesadumbramiento, se vuelve destructiva dentro de la persona… Incluso la enfermedad física puede ser el castigo por una pena no resuelta… Cualquier evento, cualquier percepción que contenga un sentido de pérdida para ti puede, y debe, hacernos vivir un duelo. Esto no significa una vida de tristeza incesante. Significa estar dispuestos a admitir un sentimiento honesto en vez de siempre tener que reír para huir del dolor. No sólo es permisible admitir la tristeza que acompaña a cada pérdida, es la opción sana.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Anuncios

Meditación 22 de Noviembre: La magia de la gratitud y la aceptación

La gratitud y la aceptación son dos trucos mágicos de los que disponemos los que estamos en recuperación. No importa quiénes seamos, dónde estemos o qué tengamos, la gratitud y la aceptación funcionan.
Eventualmente podemos sentirnos tan felices que nos demos cuenta de que nuestras circunstancias actuales son buenas. O que dominemos nuestras circunstancias y luego sigamos con la siguiente serie de circunstancias.
Si nos quedamos atascados, o nos sentimos desgraciados, atrapados y desesperanzados, probemos la gratitud y la aceptación.
Si hemos tratado sin éxito de alterar nuestras circunstancias actuales y nos hemos empezado a sentir como si nos estuviéramos pegando la cabeza contra una pared de ladrillo, probemos la gratitud y la aceptación.
Si sentimos que todo está oscuro y que la noche nunca terminará, probemos la gratitud y la aceptación.
Cuando falle todo lo demás, regresa a lo básico. La gratitud y la aceptación funcionan.

“Hoy, Dios mío, ayúdame a dejar ir mi resistencia. Ayúdame a saber que el dolor de una circunstancia dejará de dolerme tanto si la acepto. Practicaré lo básico de la gratitud y de la aceptación en mi vida y en todas mis circunstancias actuales”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 21 de Noviembre

No podemos cambiar a las personas. Cualquier intento de controlarlas es un engaño y una ilusión. Se resistirán a nuestros esfuerzos o redoblarán los suyos para probar que no podemos controlarlas. Podrán adaptarse temporalmente a nuestras demandas, pero cuando nos demos la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la gente nos castigara por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser como no quiere ser,
Ningún control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable en otra persona. A veces podremos hacer cosas que aumenten la probabilidad de que la gente quiera cambiar, pero ni aun eso podemos garantizar o controlar.
Y esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar, especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí misma y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer cambiar es a ti misma. La única persona que te atañe controlar eres tú misma.
Desapégate. Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejar a las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Meditacion 21 de Noviembre … Miedos Financieros

Me senté en el coche, viendo el letrero en la puerta de la oficina de víveres: “Cerrado hasta el viernes”. Era miércoles. Tenía dos hijos hambrientos y, yo misma, no tenía dinero.
Apoyé la cabeza sobre el volante. Ya no aguantaba más.
Había sido tan fuerte, tan valiente, tan confiada durante tanto tiempo. Era una madre soltera con dos hijos, recién divorciada.
Había trabajado tan valerosamente por sentirme agradecida de lo que tenía, al tiempo que fijaba metas económicas y trabajaba en creer que merecía lo mejor.
Había soportado tanta pobreza, tanta privación. Diariamente trabajaba el Paso Once. Trabajaba duro rezando para que Dios me diera a conocer Su voluntad sólo para mí y para que me diera la fuerza para cumplirla. Creía que estaba haciendo lo que necesitaba hacer en mi vida. No estaba payaseando. Estaba haciendo mi mejor esfuerzo, estaba trabajando lo más que podía.
Y simplemente no había suficiente dinero. La vida había sido una lucha en muchos sentidos, pero la lucha con el dinero parecía no tener fin.
El dinero no lo es todo, pero se necesita para resolver ciertos problemas. Estaba harta de “dejar ir” y “dejar ir” y “dejar ir”. Estaba harta de “actuar como si” tuviera suficiente dinero. Estaba cansada de tener que trabajar tan arduamente a diario por dejar ir el dolor y el miedo de no tener lo suficiente. Estaba cansada de trabajar tan duro por ser feliz sin tener lo suficiente. De hecho, la mayor parte del tiempo estaba feliz. Había encontrado mi alma en la pobreza. Pero ahora que ya tenía a mi alma y a mi ser, quería también algo de dinero.
Mientras estaba en el coche tratando de recomponerme, escuché a Dios hablar con esa silenciosa, calmada voz que murmura suavemente a nuestras almas.
“No tienes que volver a preocuparte por dinero, criatura. No a menos que así lo quieras. Te dije que yo cuidaría de ti. Y lo haré.”
Magnífico, pensé. Muchísimas gracias. Te creo. Confío en Ti. Pero mírame. No tengo dinero. No tengo comida. Y la oficina de víveres (la oficina gubernamental encargada de proveer de comida a la gente sin empleo en Estados Unidos) está cerrada. Me has fallado.
De nuevo escuche su voz en mi alma: “No tienes que volver a preocuparte por dinero. No tienes por que volver a tener miedo. Te prometí que cubriría todas tus necesidades”.
Me fui a casa, le llame a una amiga y le pedí algo de dinero prestado. Detestaba pedir prestado, pero no tenia alternativa. Mi derrumbamiento en el coche había sido un alivio, pero no resolvió nada, ese día. No había ningún cheque en el buzón.
Pero conseguí comida para ese día. Y para el día siguiente. Y el siguiente. A los seis meses, mis ingresos se habían duplicado. A los nueve meses, se habían triplicado. Desde ese día, he tenido épocas difíciles, pero nunca me la he tenido que pasar sin nada, no mas que por un momento.
Ahora tengo suficiente. A veces aun me preocupo por mi dinero porque me parece tan habitual. Pero ahora no tengo por qué hacerlo, y sé que nunca tuve que hacerlo.

“Dios mío, ayúdame a trabajar duro por lo que creo que está bien para mí en mi vida hoy, y confiaré en Ti para el resto. Ayúdame a dejar ir mis miedos acerca del dinero. Ayúdame a darte a Ti esa parte, Dios mío. Quita los obstáculos y las barreras en mi vida para el éxito económico”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 20 de Noviembre

Reaccionar casi nunca funciona. Reaccionamos demasiado aprisa, con demasiada intensidad y urgencia. Rara vez podemos hacer lo más adecuado cuando nos encontramos en ese estado mental, Resulta irónico que no se nos requiera para hacer las cosas en este estado mental. Poco hay en nuestras vidas que no podamos hacer mejor si permanecemos apacibles. Pocas situaciones —no importa qué tanto parezcan demandarlo— pueden mejorarse si perdemos los estribos.
Entonces, ¿por qué lo hacemos?
Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido.
Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.
Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.
Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona.
Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar.
¡No tenemos que hacerlo!

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Meditacion 20 de Noviembre … Deseos y Necesidades

A muchos de nosotros nos han lavado el cerebro para pensar que no podemos tener lo que queremos en la vida.Esa es la creencia del mártir. Nace de la privación y del miedo.
Identificar lo que queremos y necesitamos, y escribirlo luego, pone en movimiento una poderosa cadena de eventos. Indica que estamos asumiendo la responsabilidad de nosotros mismos, que le estamos dando permiso a Dios y al universo para proveer nuestros deseos y necesidades.
La creencia de que merecemos tener un cambio en el carácter, en una relación, una nueva dimensión en una relación que ya existe, una posesión, cierto nivel de salud, de vida, de amor o de éxito, es una fuerza poderosa para que suceda eso que deseamos.
Frecuentemente, cuando nos damos cuenta de que queremos algo, ¡ese sentimiento es Dios que nos está preparando para recibirlo! Escucha. Confía. Dale poder a lo bueno en tu vida prestando atención a lo que quieres y necesitas. Escríbelo. Afírmalo mentalmente. Reza por ello. Luego, déjalo ir. Dáselo a Dios y ve qué sucede. Los resultados pueden ser mejores de lo que pensabas.

“Hoy prestaré atención a lo que quiero y necesito. Me daré tiempo para escribirlo, y luego lo dejaré ir. Empezaré a creer que merezco lo mejor”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 19 de Noviembre … Aceptemos nuestros sentimientos

¿Por qué batallamos tanto con nuestros sentimientos? ¿Por qué trabajamos tan duro por negar nuestras emociones, especialmente en relación con otras personas? ¡Son sólo sentimientos!
En el curso de un día…
Podemos negar que nos sentimos frustrados en reacción a alguien que nos está vendiendo un servicio.
Podemos negar que nos sentimos frustrados, enojados o heridos en reacción a un amigo.
Podemos negar sentimientos de miedo o de enojo hacia nuestros hijos.
Podemos negar toda una gama de sentimientos acerca de nuestro cónyuge o de la persona con quien tenemos una relación amorosa.
Podemos negar sentimientos provocados por la gente para la cual trabajamos o por la gente que trabaja para nosotros.

Algunas veces, los sentimientos son una reacción directa hacia los demás; otras, la gente dispara en nuestro interior algo más profundo, una vieja tristeza o frustración.
Haciendo caso omiso del origen de nuestros sentimientos, siguen siendo nuestros sentimientos. Son nuestros. Y la aceptación a menudo es lo único que se necesita para hacer que se vayan.
No tenemos por qué dejar que nuestros sentimientos controlen nuestra conducta. No tenemos por qué actuar de acuerdo con cada sentimiento que experimentemos. No necesitamos dar rienda suelta a una conducta inadecuada.
Ayuda hablar acerca de nuestros sentimientos con alguien en quien confiemos. A veces necesitamos exponerle nuestros sentimientos a la persona que los esta provocando. Esto puede fomentar la intimidad y la cercanía. Pero la persona mas importante a la que necesitamos decírselo es a nosotros mismos. Si nos permitimos experimentar nuestros sentimientos, aceptarlos y liberarlos, sabremos que hacer a continuación.

“Hoy recordare que los sentimientos son una parte importante de mu vida. Estaré abierto a mis sentimientos en mi vida familiar, en mis amistades, en el amor y en el trabajo. Experimentare mis sentimientos sin juzgarme a mi mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).