Junio 7… En órbita

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No importa que ellos se estén haciendo daño a ellos mismos. No importa que nosotros podríamos ayudarlos si tan solo nos escucharan y cooperaran con nosotros. NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA. (Ya no seas Codependiente).

Creo que puedo hacerlo cambiar. Nadie lo ha amado y lo ha apreciado realmente ántes. Yo seré quien lo haga, y entonces él cambiará…. Ella nunca ha estado antes con nadie en quien se pueda confiar. Yo demostré lo digno de confianza que soy, y entonces ella será capaz de amar… nadie antes ha sido capaz de llegar hasta ella, de conquistarla. Yo seré quien lo haga…. Nadie le ha dado realmente a él una oportunidad… Nadie antes ha creído realmente en él…
Estas son señales de advertencia. Luces rojas. Banderas rojas. De hecho, si estuviéramos teniendo estos pensamientos, necesitarían ser señales de alto.
Si nos hemos enganchado en creer que de alguna manera nosotros seremos aquél que marque la diferencia en la vida de alguien, si estamos tratando de probar lo buenos que podemos ser para alguien, podemos estar en un lío.
Esto es un juego. Un engaño. No funcionará. Nos volverá locos. Podemos confiar en ello. No estamos viendo las cosas claramente. Algo nos esta pasando a nosotros…
Sera contraproducente.
Podremos ser la “persona correcta”, la que acabara de victima.
El patrón de pensamiento en su totalidad destila codependencia, destila no ser responsable de uno mismo, destila victimización. Cada persona necesita hacer su propio trabajo.
Nadie en el pasado lo comprendió realmente… Nadie ha visto en ella lo que yo veo. Es un artificio. Nos dispone a dejar de prestarnos atención… Es un rescate. Es una jugada de un juego, de un juego que no tenemos por que jugar.
No tenemos que probar que nosotros somos la persona. Si salimos a enseñarle a la gente que somos lo mejor que alguna vez le ha sucedido, puede ser tiempo de que veamos si ellos son lo mejor que alguna vez nos ha ocurrido.
No hemos sido asignados como ángel guardián, ni como madrina o padrino, o “el que lo hará”.
La ayuda, el apoyo y el aliento que verdaderamente benefician a los demás y a nosotros mismos surge de una manera natural. ¡Déjalos surgir!

“Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de satisfacer retos disfuncionales en mis relaciones”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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