Noviembre 9… Aceptamos amor

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Muchos de nosotros hemos trabajado demasiado para hacer que las relaciones funcionen; algunas veces esas relaciones no tenían oportunidad porque la otra persona no estaba disponible o se rehusó a participar.
Para compensar la falta de disponibilidad de la otra persona trabajamos demasiado duro. Podemos haber hecho todo el trabajo o la mayor parte. Esto podrá enmascarar la situación por un rato, pero por lo general nos cansamos. Luego, cuando dejamos de hacer todo el trabajo, nos damos cuenta de que no hay relación, o ya estamos tan cansados que no nos importa.
Hacer uno todo el trabajo en una relación no es amar, dar o tener interés. Es una conducta autoderrotista y contraproducente para la relación. Crea la ilusión de una relación cuando de hecho puede no haber ninguna. Le permite a la otra persona ser irresponsable acerca de la parte que le toca. Como eso no satisface nuestras necesidades, finalmente nos sentimos victimados.
En nuestras mejores relaciones, todos tenemos periodos temporales en los que una persona participa más que la otra. Esto es normal. Pero cuando es una manera permanente de participar en las relaciones, nos deja sintiéndonos cansados, desgastados, necesitados y enojados.
Podemos aprender a participar en una cantidad razonable y luego dejar que la relación encuentre su propia vida. ¿Somos nosotros los que siempre llamamos? ¿Somos los que siempre iniciamos? ¿Somos los únicos que damos? ¿Somos el que hablamos de los sentimientos y se esfuerza por lograr la intimidad?. ¿Somos el único que espera, que tiene esperanzas, que trabaja?
Podemos dejarlo ir. Si la relación se va a dar, se dará y se convertirá en lo que estaba destinada a convertirse. No ayudamos a ese proceso tratando de controlarlo. No nos ayudamos a nosotros mismos, a la otra persona o a la relación tratando de forzarla o haciendo todo el trabajo.
Déjala estar. Espera y ve. Deja de preocuparte por hacer que ésta se dé. Ve qué sucede y esfuérzate en comprender si eso es lo que quieres.

“Hoy dejaré de hacer todo el trabajo en mis relaciones. Me daré a mí mismo y a la otra persona la facultad de exigir que ambos participemos. Aceptaré el nivel natural que alcancen mis relaciones cuando yo haga mi parte y le permita a la otra persona elegir la suya. Puedo confiar en que mis relaciones alcanzarán su propio nivel. Yo no tengo que hacer todo el trabajo; lo único que necesito es hacer la parte que me toca”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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