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Meditación 23 de Marzo… Negación

Me he estado recuperando muchos años. He usado la negación muchas veces. Ha sido una defensa, un dispositivo de supervivencia, un comportamiento de afrontamiento y, a veces, casi mi perdición. Ha sido a la vez un amigo y un enemigo.
Cuando era niño, usé la negación para protegerme y proteger a mi familia. Me protegí de ver cosas demasiado dolorosas para ver y sentimientos demasiado abrumadores para sentir. La negación me puso a salvo en muchas situaciones traumáticas, cuando no tenía otros recursos para sobrevivir.
El aspecto negativo del uso de la negación fue que perdí el contacto conmigo mismo y mis sentimientos. Pude participar en situaciones perjudiciales sin siquiera saber que estaba sufriendo. Pude tolerar una gran cantidad de dolor y abuso sin la nebulosa idea de que era anormal.
Aprendí a participar en mi propio abuso.
La negación me protegió del dolor, pero también me hizo cegar a mis sentimientos, mis necesidades y a mí mismo. Era como una gruesa manta que me cubría y sofocaba.
Finalmente comencé a recuperarme. Tuve un atisbo de conciencia sobre mi dolor, mis sentimientos, mis comportamientos. Empecé a verme a mí mismo, y al mundo, como lo éramos. Hubo tanta negación de mi pasado que si me hubiesen arrancado la manta por completo, habría muerto por el impacto de la exposición. Necesitaba abrazar las ideas, los recuerdos, la conciencia y la curación suavemente, gradualmente.
La vida participó en este proceso conmigo. Es un maestro amable. A medida que me recuperaba, me llevaron a los incidentes y las personas que necesitaba para recordarme lo que todavía negaba, para decirme dónde necesitaba más curación de mi pasado, ya que podía manejar estas ideas.
Aún uso, y paso a paso, la negación, según sea necesario. Cuando los vientos del cambio llegan, alteran una estructura familiar y me preparan para lo nuevo, recojo mi manta y me escondo, por un tiempo. A veces, cuando alguien que amo tiene un problema, me escondo debajo de la manta, momentáneamente. Los recuerdos surgen de cosas negadas, recuerdos que necesitan ser recordados, sentidos y aceptados para que pueda continuar siendo sanado, fuerte y saludable.
A veces, me siento avergonzado por cuánto tiempo me lleva luchar hasta la aceptación de la realidad. Me siento avergonzado cuando me encuentro nuevamente nublado por la niebla de la negación.
Entonces sucede algo, y veo que estoy avanzando. La experiencia fue necesaria, conectada, no fue en absoluto un error, sino una parte importante de la curación.
Es un proceso emocionante, este viaje se llama recuperación, pero entiendo que a veces puedo usar la negación para ayudarme a superar los problemas. También soy consciente de que la negación es un amigo y un enemigo. Estoy alerta a las señales de peligro: esos sentimientos nublados y confusos, energía lenta, sintiéndose compulsivo, corriendo muy rápido o duro, evitando mecanismos de apoyo.
Me he ganado un respeto saludable por nuestra necesidad de usar la negación como una manta para envolvernos cuando nos enfriemos demasiado. No es mi trabajo andar por ahí arrancando las mantas de las personas o avergonzando a otros por usar la manta. Quitarse la manta es peligroso. Podrían morir de exposición, de la misma manera que yo podría haberlo hecho.
Aprendí que lo mejor que puedo hacer con las personas envueltas en esta manta es hacer que se sientan a gusto y seguras. Cuanto más cálidos y seguros se sienten, más capaces son de dejar caer su manta. No tengo que apoyar o alentar su negación. Puedo ser directo Si otros niegan algo en particular y su actividad me resulta perjudicial, no tengo que estar cerca de ellos. Puedo desearles lo mejor y cuidarme. Verán, si me quedo demasiado tiempo cerca de alguien que me está dañando, inevitablemente levantaré mi manta de nuevo.
Tiendo a sentirme atraído por la gente cálida. Cuando estoy cerca de gente cálida, no necesito usar mi manta.
Me he ganado el respeto por crear ambientes cálidos, donde las mantas no son necesarias, o al menos no son necesarias por mucho tiempo. He ganado confianza en la forma en que las personas se recuperan y se ocupan de la vida.

“Dios, ayúdame a ser abierto y confiar en el proceso que me está sanando de todo lo que he negado de mi pasado. Ayúdame a esforzarme por la toma de conciencia y la aceptación, pero también ayúdame a practicar la gentileza y la compasión por mí mismo y por los demás, por aquellos momentos en que he usado la negación”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

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Meditación 9 de Marzo… Paso Ocho

Hicimos una lista de todas las personas a las que habíamos perjudicado y estuvimos dispuestos a repararlas. (PASO OCHO DE AL-ANÓN).

El Octavo Paso no está destinado a castigarnos; está destinado a liberarnos de la culpa, la ansiedad y la discordia.
Comenzamos haciendo una lista de todas las personas a las que les hemos perjudicado en nuestro viaje, ya que hemos luchado por sobrevivir. Probablemente nos hemos hecho más daño a nosotros mismos que a cualquier otra persona, así que nos colocamos primero en la lista.
A menudo, nuestra tendencia es sentirnos culpables por todo lo que hemos hecho, por todos aquellos con quienes hemos tenido contacto. Esa es la culpa no merecida. Escribir nos ayuda a aclarar si nos castigamos a nosotros mismos sin ninguna razón. Pero debemos estar abiertos a la guía a medida que trabajamos este Paso, sacando todo de nosotros y poniéndolo en papel, para que podamos ser sanados.
Una vez que hemos hecho la lista, nos esforzamos por hacer las paces con todos los que están en ella porque así es como vamos a sanar. Hacer las paces no significa sentirse culpables y avergonzados y castigarnos a nosotros mismos; significa tragarse nuestro orgullo y nuestras defensas, y hacer todo lo posible para cuidarnos a nosotros mismos. Nos preparamos para mejorar nuestra autoestima asumiendo la responsabilidad de nuestros comportamientos. Estamos dispuestos a restaurar nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás y con nuestro Poder Superior.

“Hoy, me abriré a un entendimiento honesto de las personas a las que les hice daño. Dios, ayúdame a soltar mis defensas y mi orgullo. Ayúdame a estar dispuesto a hacer las paces con aquellos a quienes dañé, para que pueda mejorar mis relaciones conmigo mismo y con los demás.”

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

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Reflexión del Dia: 24 de Febrero

La mayoría de nosotros empezamos a hacer estas cosas por la necesidad de protegernos a nosotros mismos y de satisfacer nuestras necesidades. Hicimos, sentimos y pensamos estas cosas para sobrevivir – emocional, mental y a veces físicamente-. Tratamos de entender y de contender con nuestros complejos mundos de la mejor manera. No siempre es fácil vivir con personas sanas y normales. Pero es particularmente difícil vivir con personas enfermas, atribuladas o perturbadas. Es horrible tener que vivir con un alcohólico delirante. Muchos de nosotros nos las hemos tenido que ver con circunstancias indignantes, y estos esfuerzos han sido tan admirables como heroicos. Hemos hecho lo mejor que hemos podido.
Sin embargo, estos recursos de autoprotección ya no nos resultan útiles. En ocasiones, las cosas que hacemos para protegernos se vuelven contra nosotros y nos lastiman. Se vuelven autodestructivas. Muchos codependientes apenas logran sobrevivir, y la mayoría no satisface sus necesidades.
¿Podremos cambiar? ¿Podremos aprender conductas más sanas? No sé si se pueda enseñar la salud mental, emocional y espiritual, pero podemos ser inspirados y alentados. Podemos aprender a hacer las cosas de otra manera. Podemos cambiar. Creo que la mayoría de la gente quiere estar sana y vivir sus vidas lo mejor posible. Pero muchos de nosotros no sabemos que está bien hacer las cosas de otra manera.
Muchos de nosotros ni siquiera sabemos qué es lo que hemos estado haciendo que no ha funcionado. La mayoría de nosotros hemos estado tan ocupados respondiendo a los problemas de otras personas que no hemos tenido tiempo para identificar y mucho menos para ocuparnos de nuestros propios problemas.
Muchos profesionales dicen que el primer paso hacia el cambio es tomar conciencia. El segundo paso es la aceptación.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Meditacion 16 de Diciembre… Cuidemos de nosotros emocionalmente

¿Qué significa cuidar de mí mismos emocionalmente? Reconozco cuando me siento enojado y acepto ese sentimiento sin vergüenza y sin culpa.
Reconozco cuando me siento lastimado y acepto esos sentimientos sin intentar castigar a la fuente de mi dolor. Reconozco que tengo miedo cuando se me presenta esa emoción.
Me permito sentir felicidad, alegría y amor cuando esas emociones están a mi disposición. Cuidar de mí mismo significa que he tomado la decisión de que está bien experimentar sentimientos.
Cuidar de mis emociones significa que me permita a mí mismo quedarme con el sentimiento hasta que sea el momento de liberarlo y de proseguir con el que sigue.
Reconozco que algunas veces mis sentimientos me pueden ayudar a ver la realidad, pero a veces son engañosos. Son importantes, pero no tengo que dejar que me controlen. Puedo sentir y pensar también.
Hablo con la gente acerca de mis sentimientos cuando eso es apropiado y seguro.
Busco ayuda o guía si me quedo atorado en una emoción en particular.
Estoy abierto a las lecciones que mis emociones estén tratando de darme. Después que siento, acepto y libero el sentimiento, me pregunto a mí mismo qué quiero o qué necesito hacer para cuidar de mí mismo.
Cuidar de mí mismo emocionalmente significa que valoro, que atesoro, que exploro y que aprecio mi parte emocional.

“Hoy cuidaré de mí mismo emocionalmente. Estaré abierto y aceptaré mi parte emocional y la de las otras personas. Me esforzaré por lograr el equilibrio combinando las emociones con la razón, pero no permitiré que el intelecto desplace mi parte emocional”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Septiembre 12… La curación

Debemos aprender a no impacientarnos con el lento proceso curativo del tiempo. Debemos disciplinarnos a nosotros mismos para reconocer que hay que seguir muchos pasos en el camino que va de la pena a la renovada serenidad. Debemos anticipar estas etapas en nuestra convalecencia emocional: insoportable dolor, pena punzante, días vacíos, resistencia al consuelo, desinterés por la vida, que gradualmente van cediendo paso.. al nacimiento de un patrón de acción y de aceptación del irresistible desafío de la vida. (Joshua Loth Liebman).
La recuperación es un proceso. Es un proceso gradual, un proceso de curación y un proceso espiritual, un viaje más que un destino.
Así como la codependencia cobra vida propia y es progresiva, así progresa también la recuperación. Una cosa lleva a la otra y las cosas –al igual que nosotros- mejoran.
Podemos relajarnos, hacer nuestra parte y dejar que ocurra el resto.

“Hoy confiaré en este proceso y en este viaje que he emprendido”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Septiembre 5… Paso Diez

Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos, lo admitíamos inmediatamente. (Paso Diez de Al-Anón).

Una vez que hemos llegado hasta este Paso, podemos mantener nuestra autoestima e incrementarla trabajando en forma regular el Paso Diez.
Este paso incorpora el proceso por el que hemos atravesado en los Pasos del Cuatro al Nueve. No trabajamos este Paso para castigarnos ni para tenernos bajo un microscopio que es constantemente crítico y degradante.
Lo trabajamos para mantener la autoestima y la armonía en nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Lo trabajamos para seguir en el camino.
Cuando surge un asunto o problema que necesita nuestra atención, lo identificamos y lo discutimos abiertamente, por lo menos con una persona segura y con Dios. Lo aceptamos. Estamos dispuestos a dejarlo ir. Le pedimos a Dios que lo aparte de nosotros. Tenemos un cambio de corazón al estar dispuestos a hacer cualquier reparación del daño que se requiere, a hacer lo que sea necesario para cuidar de nosotros mismos. A tomar una acción apropiada para resolver el asunto. Y luego a dejar ir la culpa y la vergüenza.
Esta es una simple formula para cuidar de nosotros mismos. Así es como cambiamos. Así es como somos cambiados. Este es un proceso para curar y ser sanos. Este es un proceso para lograr autorresponsabilidad y autoestima.
La próxima vez que hagamos algo que nos moleste, que sintamos que nos hemos salido del camino, o que hemos perdido el rumbo, no tenemos que desperdiciar nuestro tiempo y energía sintiéndonos avergonzados. Podemos seguir el Paso Diez. Dejar que se de el proceso. Y proseguir con nuestra vida.

“Dios mio, ayúdame a practicar este y los otros Pasos como una forma habitual de responder a la vida y a mis asuntos. Ayúdame a saber que soy libre de vivir, de permitirme a mi mismo experimentar con la vida y de experimentar la vida. Si pierdo el rumbo, o si surge algún asunto que exija mi atención, ayúdame a lidiar con ello usando el Paso Diez”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Agosto 15… Deja espacio para los sentimientos

Necesitamos darnos espacio a nosotros mismos y dárselo a los demás para trabajar con nuestros sentimientos.
Somos gente, no robots. Una parte importante de nosotros –quiénes somos, cómo crecemos, cómo vivimos- está conectada a nuestro centro emocional. Tenemos sentimientos, a veces difíciles, a veces desgarradores, a veces explosivos, sobre los que necesitamos trabajar.
Al afrontar estos sentimientos y trabajar en ellos crecemos nosotros y los demás. En las relaciones, ya sea en una relación amorosa, en una amistad, en una relación familiar o en una relación de negocios, la gente necesita espacio para experimentar sus sentimientos y trabajar en ellos.
Algunos le llaman ” atravesar el proceso”.
Es irracional esperar de nosotros mismos o de los demás que no necesitamos tiempo y espacio para trabajar sobre nuestros sentimientos. Estaríamos disponiéndonos a nosotros mismos y a nuestras relaciones al fracaso si no nos damos este tiempo y este espacio en nuestra vida.
Necesitamos tiempo para trabajar con los sentimientos. Necesitamos espacio y permiso para trabajar con estos sentimientos de la manera embarazosa, incómoda, a veces desordenada en que la gente trabaja sobre ellos.
Así es la vida. Así es el crecimiento. Así está bien. Podemos darle espacio a los sentimientos. Podemos dejar que la gente tenga tiempo y permiso para trabajar sobre sus sentimientos. No tenemos que mantenernos a nosotros mismos y mantener a los demás bajo una rienda tan tirante. Mientras trabajamos sobre nuestros sentimientos no tenemos que gastar energía innecesaria reaccionando a cada sentimiento que tengamos nosotros mismos o los demás. No tenemos por qué tomar tan en serio nuestros sentimientos, ni los sentimientos de los demás, mientras nosotros o ellos estamos en el proceso de trabajar sobre ellos.
Deja que los sentimientos fluyan y confía adónde te está llevando este flujo.

“Puedo fijar límites razonables para una conducta y, aun así dejar espacio para todo un rango de emociones”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).