Marzo 24… Apreciémonos a nosotros mismos

Nosotros somos lo más grande que alguna vez pueda sucedernos. Créelo. Esto hace la vida mucho más fácil. (Ya no seas codependiente).

Ya es tiempo de parar esa tontería de andar por ahí criticándonos a nosotros mismos. Quizá hayamos caminado la mayor parte de nuestra vida pidiendo disculpas directa o indirectamente, sintiéndonos menos valiosos que los otros, creyendo que ellos saben más que nosotros y creyendo que de alguna manera los otros tienen derecho a estar aquí y nosotros no. Tenemos derecho a estar aquí. Tenemos derecho a ser nosotros mismos.
Estamos aquí. Hay un propósito, una razón, una intención para nuestra vida. No tenemos por qué disculparnos por estar aquí o por ser lo que somos. Somos suficientemente buenos y merecedores. Los otros no tienen nuestra magia. Nosotros la tenemos. Está en nuestro interior.
No importa lo que hayamos hecho en el pasado. Todos tenemos un pasado, entretejido de errores, éxitos y experiencias de aprendizaje. Tenemos derecho a nuestro pasado. Es nuestro. Ha trabajado para moldearnos y para formarnos. A medida que progresemos en este viaje, veremos cómo cada una de nuestras experiencias se volteará y será usada para nuestro bien.
Ya hemos pasado demasiado tiempo sintiéndonos avergonzados, disculpándonos y dudando de nuestra belleza interior. Hay que acabar con eso. Dejarlo ir. Es un lastre innecesario. Los otros tienen derecho, pero nosotros también. No somos ni mas ni menos que ellos. Somos iguales. Somos quienes somos. Para eso fuimos creados, y eso era lo que debíamos ser.
Eso, mi amigo, es un regalo maravilloso.

“Dios mio, ayúdame a adueñarme de mi poder para amarme y apreciarme a mi mismo. Ayúdame a valorarme en vez de buscar que los otros lo hagan”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Marzo 23… Las reacciones de los demás cuando fijamos limites

Necesitamos saber que tan lejos iremos, y que tan lejos le permitiremos ir a los demás con nosotros. Una vez que entendamos esto, podremos ir dondequiera. (Mas allá de la Codependencia)

Cuando nos adueñamos de nuestro poder para cuidarnos nosotros mismos- fijar un limite, decir “no”, cambiar un antiguo patrón de conducta- podremos obtener una reacción airada por parte de algunas personas. Eso está bien. No tenemos por qué dejar que sus reacciones nos controlen, nos detengan o influyan sobre nuestra decisión de cuidar de nosotros mismos.
No tenemos por qué controlar sus reacciones ante nuestro proceso de autocuidado. Esa no es nuestra responsabilidad. Tampoco tenemos por qué esperar que ellos no reaccionen. La gente reaccionará cuando hagamos las cosas de distinta manera o cuando tomamos una acción asertiva para cuidar de nosotros mismos, particularmente si nuestra decisión les afecta de alguna manera. Déjalos que sientan lo que quieran. Pero sigue tu camino, de todos modos.
Si la gente está acostumbrada a que nos comportemos de cierta forma, intentará convencernos de seguir siendo así para evitar que el sistema cambie. Si la gente está acostumbrada a que nosotros digamos “si” todo el tiempo, puede empezar a murmurar y a refunfuñar cuando digamos “no”. Si la gente está acostumbrada a que nosotros asumamos sus responsabilidades, sentimientos y problemas, podrían reaccionar airadamente cuando dejemos de hacerlo. Eso es normal. Podemos aprender a vivir con un poco de reacciones adversas en nombre de nuestra salud mental. No con abuso, acuérdate, con reacciones adversas.
Si la gente está acostumbrada a controlarnos a través de la culpa, de la bravata y de fastidiar, puede intensificar sus esfuerzos cuando cambiamos y nos rehusamos a que nos controlen. Eso está bien. Eso también es una reacción airada.
No tenemos por qué dejar que las reacciones adversas nos hagan volver a los viejos procederes si hemos decidido que queremos y necesitamos cambiar. No tenemos por qué reaccionar a las reacciones airadas ni prestarles demasiada atención. No la merecen. Irán muriendo solas.

“Hoy no haré caso a ninguna reacción adversa que reciba por estar cambiando mi comportamiento o por estar haciendo otros esfuerzos por ser yo mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 22 de Marzo

Podemos ser asertivos y sostenernos sin ser abrasivos ni agresivos. Aprendamos a decir: “Hasta aquí llego. Este es mi límite. No toleraré esto”. Y querer decir esas palabras.
Podemos mostrarnos compasivos y preocupados por los demás sin rescatarlos. Aprendamos a decir: “Parece que tienes un problema. ¿Qué necesitas de mí?” Aprendamos a decir: “Me da pena que tengas ese problema”. Luego desapégate. No tenemos que arreglarlo nosotros.
Podemos discutir nuestros problemas y sentimientos sin esperar tampoco que la gente nos rescate. Nos podemos conformar con que se nos escuche. Eso es, de todos modos, tal vez lo único que queríamos.
Una queja común que escucho por parte de los codependientes es: “¡Nadie me toma en serio!” Tomémonos a nosotros mismos en serio. Equilibremos eso con un sentido del humor adecuado y no tendremos que preocupamos acerca de lo que cualquier otro haga o no haga.
Aprendamos a escuchar lo que la gente dice y lo que no dice. Aprendamos a escucharnos, al tono de voz que empleamos, a las palabras que elegimos, al modo como nos expresamos y a los pensamientos que cruzan por nuestra mente.
El habla es una herramienta y un deleite. Hablamos para expresarnos. Hablamos para que nos escuchen. Hablar nos permite comprendernos a nosotros mismos y nos ayuda a entender a los demás. Hablar nos ayuda a enviar mensajes a otras personas. A veces hablamos para lograr cercanía e intimidad. Quizá no siempre tenemos algo espectacular que decir, pero queremos tener contacto con la gente. Queremos tender un puente entre nuestras brechas. Queremos compartir y mantenernos cerca. A veces hablamos para divertirnos—para jugar, disfrutar, burlarnos y entretenernos—. Hay veces en que hablamos para cuidar de nosotros mismos, para que quede claro que no permitiremos que se nos insulte ni se abuse de nosotros, que nos amamos a nosotros mismos, y de que hemos tomado decisiones de acuerdo con lo que nos conviene más. Y a veces simplemente hablamos.
Necesitamos asumir la responsabilidad por la comunicación. Que nuestras palabras reflejen una elevada autoestima al igual que estimación por los demás. Seamos honestos. Seamos directos. Seamos abiertos. Seamos gentiles y amorosos cuando sea apropiado serlo. Seamos firmes cuando la situación exige firmeza. Pero, por encima de todo, seamos quienes somos y digamos lo que necesitamos decir.
En amor y dignidad, hablemos con la verdad —-así como la pensamos, la sentirnos y la sabemos— y la verdad nos hará libres.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Marzo 21… Consideremos los compromisos

Presta atención a tus compromisos.
Aunque muchos de nosotros le tememos al compromiso, es bueno sopesar el costo de cualquier compromiso que estemos considerando. Necesitamos sentirnos permanentemente de acuerdo en que ese compromiso sea adecuado para nosotros.
Muchos de nosotros tenemos una historia de brincar– de echarnos de cabeza- a compromisos sin sopesar el costo y las posibles consecuencias de ese compromiso en particular. Cuando nos lo echamos encima, nos damos cuenta que en realidad no queremos ese compromiso y nos sentimos atrapados.
A algunos de nosotros nos puede llegar a asustar perder una oportunidad en particular si no nos comprometemos. Es cierto que perderemos determinadas oportunidades si no estamos dispuestos a comprometernos. Pero seguimos sintiendo la necesidad de sopesar el compromiso. Seguimos teniendo necesidad de tener bien claro si ese compromiso nos parece adecuado para nosotros. Si no lo es, necesitamos ser honestos con nosotros mismos y con los demás.
Se paciente. Escudríña en tu alma. Espera hasta tener una clara respuesta. No necesitamos echarnos encima compromisos en un estado de urgencia o de pánico, sino con la callada confianza de que aquello a lo que nos estamos comprometiendo es adecuado para nosotros.
Si algo en nuestro interior dice “no”, encuentra valor para confiar en esa voz.
Esta no es nuestra última oportunidad. No es la única oportunidad que vamos a tener. Que no te entre el pánico. No tenemos que comprometernos a lo que no nos parezca bien, aunque tratemos de decirnos a nosotros mismos que debería estar bien y que deberíamos comprometernos a ello.
Con frecuencia, en cuanto los compromisos, podemos confiar más en nuestra intuición que en nuestro intelecto.
En la emoción de establecer un compromiso y un comienzo podemos pasar por alto las realidades de en medio. Eso es lo que necesitamos considerar.
No tenemos por qué comprometernos por una sensación de urgencia, por impulsividad o por miedo. Tenemos derecho a preguntar, ¿será esto bueno para mi? Tenemos derecho a preguntar si ese compromiso nos parece bien.

“Hoy, Dios mío, guíame al establecer compromisos. Ayúdame a decir “si” a lo que más me conviene y “no” a lo que no. Lo consideraré seriamente antes de comprometerme con cualquier actividad o persona. Me tomaré tiempo para considerar si ese compromiso es realmente lo que quiero”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Marzo 18… Seguridad

Uno de los efectos a largo plazo de haber vivido en el seno de una familia disfuncional- de niños o de adultos- es que no nos sentimos seguros.

Mucho de lo que llamamos codependencia ocurre porque no nos sentimos seguros en nuestras relaciones. Esto puede hacer que controlemos a otra persona, nos obsesionamos con ella, o nos concentraremos en la otra persona, al tiempo que nos descuidamos a nosotros mismos o o nos cerramos a nuestros sentimientos.
Podemos aprender a sentirnos seguros y cómodos como parte de una actitud amorosa, cuidadosa, hacia nosotros mismos
Con frecuencia empezamos a sentir una sensación de seguridad y comodidad cuando nos decidimos a asistir a las reuniones de los grupos de Doce Pasos o de grupos de apoyo. Estar con un amigo o amiga, o hacer algo bueno por nosotros mismos nos ayuda a sentirnos amados y protegidos. A veces, buscar a otra persona nos ayuda a sentirnos seguros. La plegaria y la meditación nos ayuda a afirmar que nuestro Poder Superior cuida de nosotros.
Ahora estamos a salvo. Podemos relajarnos. Quizá otros no hayan estado ahí para apoyarnos de una manera consistente, que valga la pena, pero estamos aprendiendo a apoyarnos a nosotros mismos.

“Hoy me concentraré en hacerme sentir a mí mismo seguro y cómodo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 17 de Marzo

No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos, nos sentimos mejores y más fuertes.
“Pero”, podrán ustedes protestar,“¿por qué no debo reaccionar? ¿Por qué no debo replicar? ¿Por qué no debo irritarme? Él o ella se merecen cargar con el peso de mi torbellino”. Podría ser, pero tú no debes hacerlo. Estamos hablando aquí de tu falta de paz, de serenidad, de tus momentos desperdiciados. Como solía decir Ralph Edwards, “Esta es tu vida”. ¿Cómo quieres usarla? No te estás desapegando por ella o por él. Te estás desapegando por ti mismo. Las probabilidades indican el beneficio de todos.
Somos como cantores de un gran coro. Si el que está junto a nosotros desentona, ¿debemos hacerlo nosotros también? ¿No le ayudaría más a él, y a nosotros, tratar de seguir entonado? Podemos aprender a cumplir con nuestra parte.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Reflexión del Dia: 11 de Marzo

Aceptación significa, en el momento presente, que reconocemos y aceptamos nuestras circunstancias, incluyéndonos a nosotros mismos y a las personas en nuestras vidas, tal y como somos nosotros y ellas. Sólo desde tal estado poseemos la paz y la capacidad para evaluar esas circunstancias, hacer los cambios adecuados y resolver nuestros problemas. Una persona de quien se abusa no tomará las decisiones necesarias para detener ese abuso hasta que él o ella lo reconozcan. La persona debe entonces dejar de pretender que el abuso de alguna manera terminará mágicamente, dejar de pretender que no existe, o dejar de poner pretextos de por qué existe.
En un estado de aceptación somos capaces de responder con responsabilidad hacia nuestro entorno. En este estado recibimos el poder para cambiar las cosas que podemos cambiar. Los alcohólicos no pueden dejar de beber hasta que aceptan su impotencia ante el alcohol y ante su alcoholismo. Las personas con trastornos en su manera de comer no pueden solucionar sus problemas con la comida hasta que aceptan su impotencia ante la comida. Los codependientes no podemos cambiar hasta que aceptamos nuestras características codependientes, nuestra impotencia ante la gente, ante el alcoholismo y ante otras circunstancias que tan desesperadamente hemos tratado de controlar. La aceptación es la más grande paradoja: no podemos cambiar hasta que aceptemos la manera de ser que tenemos.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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