Reflexión del Dia: 22 de Octubre

Creo que actuar de cuidadores pervierte los mensajes bíblicos acerca de dar, amar y ayudar. En ninguna parte de la Biblia se nos instruye para hacer algo por alguien y luego sacarle los ojos por ello. En ninguna parte se nos dice que debemos caminar un kilómetro más con esa persona, y luego agarrar su bastón y apalearla.
Cuidar solícitamente de la gente y darse a uno mismo son cualidades buenas y deseables —algo que necesitamos hacer— pero muchos codependientes han malinterpretado las sugerencias de “dar hasta lo último”. Seguimos dando más allá de lo último, generalmente hasta que el dolor nos dobla. Es bueno dar de nosotros mismos, pero no tenemos que darlo todo. Pues es bueno guardar algo para nosotros mismos.
Creo que Dios quiere que ayudemos a la gente y que compartamos nuestro tiempo, talento y dinero. Pero creo también que Él quiere que demos desde una posición de alta autoestima Creo que los actos de amabilidad no son amables a menos que nos sintamos bien con nosotros mismos, con lo que estamos haciendo y con la persona para la cual estarnos haciéndolo. Creo que Dios está en cada uno de nosotros y que nos habla a cada quien. Si no podemos sentirnos bien en absoluto acerca de algo que estamos haciendo, entonces no debemos hacerlo, no importa cuán caritativo parezca ser. Tampoco debemos hacer por los demás las cosas que ellos deben y son capaces de hacer por sí mismos. Los demás no son inválidos. Nosotros tampoco.
“Dios nos dijo que perdiéramos nuestras vidas. Nos dijo que diéramos a la gente”, dice el reverendo Daniel Johns, pastor de la iglesia trinitaria luterana en Stillwater, Minnesota. “Pero no creo que Él alguna vez haya tenido la intención de que la gente usara las Escrituras para comportarse de maneras poco sanas.”
Dar a los demás, hacer cosas por ellos y con ellos, son parte esencial de un modo de vida sano y de relaciones saludables con el prójimo. Pero aprender cuándo no debernos dar, cuándo no ceder, y cuándo no hacer cosas por y con la gente, son también parte esencial de un modo de vida sano y de relaciones saludables con el prójimo. No es bueno cuidar de la gente que se aprovecha de nosotros para evitar la responsabilidad. Es dañino para ellos y para nosotros. Hay una línea sutil entre ayudar y hacerle daño a la gente, entre dar en forma benévola y dar de manera destructiva. Podernos aprender a hacer esa distinción.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 17 de Octubre

Lo que pensamos influye en cómo nos sentimos. A veces los patrones de pensamiento inadecuados, inapropiados o exagerados provocan nuestras emociones o hacen que estas permanezcan más de lo necesario. Si pensamos que algo es horrible, que nunca se mejorará, y que simplemente no debe de ser, nuestros sentimientos serán intensos. A esto le llamo pensar desastrosamente. Por eso es importante, luego de haber sentido nuestras emociones, examinar nuestro pensamiento. Que lo saquemos a la luz. Si es inadecuado, entonces ya sabemos qué tenemos que hacer pan resolver nuestro problema, ¿no es así?
Hay ocasiones en que podemos necesitar discutir nuestros sentimientos y pensamientos con otras personas. No es sano vivir nuestra vida en aislamiento. Compartir nuestra parte emocional con otros produce acercamiento e intimidad. Y también el ser aceptados como somos por alguien nos ayuda a aceptarnos a nosotros mismos. Esta es siempre una experiencia maravillosa. A veces, podemos querer discutir las cosas con un amigo que simplemente nos escuche, mientras ventilamos nuestros asuntos y tratamos de averiguar que está sucediendo. Las cosas que nos guardamos dentro pueden crecer demasiado y volverse demasiado poderosas. Lanzarlas al aire hace que se reduzcan. Ganamos en perspectiva. También es divertido compartir los sentimientos placenteros: las alegrías, los éxitos, los “tiempos color de rosa”. Y si queremos tener una relación de intimidad con alguien, necesitamos discutir nuestros sentimientos persistentes con ella o con él. A esto se le llama honestidad emocional.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 10 de Octubre

¡No hay necesidad de sentir vergüenza de ser (y quedarse) Codependiente!

No hay que avergonzarse de haber pasado por el proceso de permitir que la codependencia (de una manera negativa) impacte nuestras vidas, y luego aprender a dejar de tratar de hacer lo imposible (controlar a los demás) y empezar a centrarse en lo posible: Nosotros mismos. Conscientemente y de una manera que toma en consideración a otros y a nosotros mismos al tomar decisiones.
Sentirse avergonzado acerca de las diferentes etapas de la vida que experimentamos en el camino a convertirse en lo que somos ahora no es diferente de encogerse cuando vemos fotos de cómo usamos nuestro cabello hace 25 años. Podemos sentirnos así; pero no es necesario. Estábamos haciendo lo que pensamos mejor en ese momento.
No estábamos locos, ni siquiera a la altura de nuestra obsesión y control. Estábamos codependiente de factores no saludables en nuestras decisiones y comportamientos.
Para muchos millones de nosotros, esa revelación fue y sigue siendo un gran alivio. Nos ponemos libres para vivir nuestras vidas de una manera que fue y sigue siendo en nuestro mejor interés.
¡No hay vergüenza en eso!

(Melody Beattie).

Octubre 10… Los beneficios de las relaciones destructivas

A veces nos ayuda entender que podemos estar recibiendo algún beneficio de las relaciones que nos causan dolor.
La relación puede estar alimentando nuestra impotencia o nuestro papel de mártires.
Tal vez, la relación alimente nuestra necesidad de que nos necesiten, que aumente nuestra autoestima al permitirnos sentir en control o moralmente superiores a la otra persona.
Algunos de nosotros nos sentimos aliviados de la responsabilidad económica o de otro tipo de responsabilidades permaneciendo en una relación en particular.
“Mi padre abuso de mi cuando era niña”, dijo una mujer. “Me pase los siguientes 20 años chantajeándolo emocional y económicamente por ello. Podía obtener dinero cada vez que el quería y nunca tuve que asumir la responsabilidad económica de mi misma”.
Darnos cuenta de que podemos haber obtenido alguna forma de pago codependiente de una relación no es motivo de vergüenza. Significa que estamos buscando en nuestro interior los obstáculos que pueden estar deteniendo nuestro crecimiento.
Podemos asumir la responsabilidad por la parte que podemos haber jugado para mantenernos victimados. Cuando estemos dispuestos a ver honestamente y sin miedo ese pago y a dejarlo ir, encontraremos la curación que hemos estado buscando. También estaremos listos, entonces, para recibir el pago positivo, sano, que nos pueden dar las relaciones, los beneficios que realmente queremos y necesitamos.

“Hoy estaré abierto a ver los beneficios que pueda haber recibido por permanecer en relaciones enfermizas o por haber mantenido en funcionamiento sistemas destructivos. Me dispondré a dejar ir mi necesidad de permanecer en sistemas enfermizos; estoy listo para enfrentarme a mí mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 9 de Octubre

Muchos de nosotros somos expertos en negar y descontar lo que nos duele. Podemos soportar una situación particular, diciéndonos repetidamente que no es tan malo; no debemos ser tan exigentes; cambiará cualquier día; deberíamos ser capaces de vivir con ella; no nos molesta; la otra persona no lo decía en serio; no duele tal vez sólo somos nosotros.
Podemos luchar y discutir con nosotros mismos acerca de la realidad y la validez de nuestro dolor, nuestro derecho a sentirlo y hacer algo al respecto. A menudo toleramos demasiado o tanto que nos volvemos furiosos y nos negamos a tolerar más.
Podemos aprender a desarrollar una tolerancia saludable. Hacemos eso fijando límites sanos y confiar en nosotros mismos para poseer nuestro poder con la gente. Podemos disminuir nuestro dolor y sufrimiento validando y prestando atención a nosotros mismos. Podemos trabajar para acortar el tiempo entre identificar una necesidad de establecer un límite y tomar una acción clara y directa.

(Melody Beattie).

Octubre 9… Autorevelación

Aprender a revelar gentilmente quiénes somos es como nos abrimos al amor y a la intimidad en nuestras relaciones.
Muchos de nosotros nos hemos ocultado detrás de una concha protectora, una cubierta que impide que los otros nos vean o nos lastimen. No queremos ser tan vulnerables. No queremos exponer nuestros pensamientos, sentimientos, miedos, debilidades y a veces nuestros puntos fuertes, ante los demás. No queremos que los demás vean cómo somos realmente.
Puede darnos miedo que puedan juzgarnos, alejarse o no caerles bien.
Podemos no estar seguros de que está bien que seamos como somos o de cómo deberíamos exactamente revelarnos ante los demás.
Ser vulnerable puede ser atemorizador, especialmente si hemos vivido con gente que ha abusado de nosotros, que nos ha maltratado, manipulado, o que no nos apreció. Poco a poco, aprendemos a correr el riesgo de revelarnos.
Le enseñamos a los demás la persona real que hay dentro de nosotros. Seleccionamos gente segura y empezamos a revelarle pedazos y pedacitos de nosotros mismos.
A veces, por miedo, podemos retener algo, pensando que eso ayudará a la relación o ayudará a los demás a que les caigamos mejor. Esa es una ilusión. Retener lo que somos no nos ayuda a nosotros, ni a la otra persona, ni a la relación. Retenerse es una conducta contraproducente. Para que existan una verdadera intimidad y cercanía, para que nos amemos a nosotros mismos y estemos contentos en una relación, necesitamos revelar cómo somos. Eso no significa que se lo digamos todo de una vez a todo el mundo.
Esa también puede ser una conducta contraproducente. Podemos aprender a confiar en nosotros mismos acerca de a quién decirle, cuándo decírselo, en dónde decírselo y cuánto decirle.
Confiar en que la gente nos amará y le caeremos bien si somos exactamente quiénes somos puede ser atemorizante. Pero es la única manera como podemos lograr lo que queremos en las relaciones. Dejar ir nuestra necesidad de controlar a los demás –sus opiniones, sus sentimientos acerca de nosotros, o el curso de la relación – es la clave.
Suavemente, como una flor, podemos aprender a abrirnos. Al igual que una flor, lo haremos cuando brille el sol y esté tibio.

“Hoy empezaré a tomar el riesgo de revelar quién soy a alguien que sienta que es seguro. Dejaré ir algunas de mis artimañas protectoras y me arriesgaré a ser vulnerable, aunque se me haya enseñado a actuar en otra forma. Revelaré cómo soy de manera que refleje autorresponsabilidad, amor a mí mismo, en forma directa, honestamente. Dios mío, ayúdame a dejar ir mis miedos acerca de revelarle a la gente cómo soy. Ayúdame a aceptar quién soy y a dejar ir mi necesidad de ser quien la gente quiere que sea”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Octubre 7… Deja ir la candidez

Podemos ser gente amorosa, confiada y, aun así, no permitir que se nos use o se abuse de nosotros. No tenemos por qué dejar que la gente nos haga lo que le venga en gana. ¡No todas las peticiones son legítimas! ¡No todas las peticiones requieren un sí!
La vida podrá probarnos. La gente podrá buscar nuestros puntos flacos. Nosotros podremos ver un común denominador en los límites que están siendo probados en nuestra vida. Si tenemos un punto débil en un área, podemos descubrir que somos probados repetidamente en esa área por familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos. La vida, la gente, nuestro Poder Superior y el universo pueden estar tratando de enseñarnos algo específico.
Cuando aprendamos esa lección, encontraremos que disminuyen los problemas en esa área. Se ha fijado el límite, se ha adueñado uno del poder. Por ahora se ha aprendido la lección. Quizá necesitemos estar enojados durante un rato con gente que ha presionado nuestra tolerancia más allá de los límites. Eso está bien. Pronto podremos dejar ir la ira y cambiarla por gratitud. Esta gente ha estado allí para ayudarnos a aprender acerca de lo que no queremos, de lo que no toleraremos, y cómo adueñarnos de nuestro poder. Le podemos agradecer lo que hemos aprendido.
¿Cuánto estamos dispuestos a tolerar? ¿Qué lejos dejaremos llegar a los demás con nosotros? ¿Cuánto menospreciaremos nuestra ira y nuestra intuición? ¿Dónde están nuestros límites? ¿Tenemos algún límite? Si no es así, estamos en problemas.
Hay tiempos de no confiar en los demás, sino confiar en nosotros mismos y fijar límites a quienes nos rodean.

“Hoy estaré abierto a una nueva conciencia acerca de las áreas en las cuales necesito límites más sanos. Abandonaré mi ingenua suposición de que la otra persona siempre tiene la razón. Cambiaré ese punto de vista por el de confiar en mí mismo, escucharme a mí mismo y el de tener y fijar límites sanos”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).