Septiembre 19… Disculpas

A veces actuamos de una manera que nos deja incómodos. Eso es humano. Por eso tenemos las palabras: “Lo siento”. Curan y cierran la brecha. Pero no tenemos por qué decir “lo siento” si no hemos hecho nada mal. Una sensación de vergüenza puede llevarnos a disculparnos de todo lo que hacemos, de cada palabra que decimos, por estar vivos y ser como somos.
No tenemos por qué pedir disculpas por cuidar de nosotros mismos, por manejar nuestros sentimientos, por fijar límites, por divertirnos o porque nos estamos curando.
No tenemos que cambiar nunca de rumbo, si éste es el que más nos conviene, pero a veces una disculpa general reconoce otros sentimientos y puede ser útil cuando no están claras las cosas en una relación. Podemos decir: “Siento mucho el pleito que tuvimos. Siento mucho que te haya lastimado con lo que tuve que hacer para cuidarme a mí mismo; no tenía la intención de que así fuera.”
Una vez que pedimos una disculpa, no tenemos que seguirla repitiendo. Si alguien quiere seguirnos sacando una disculpa por el mismo incidente, eso es asunto de esa persona y no tenemos porque dejarnos enganchar.
Podemos aprender a tomar seriamente nuestras disculpas y a no darlas cuando no sean validas. Cuando nos sintamos bien con nosotros mismos, sabremos cuando es momento de decir que lo sentimos y cuando no.

“Hoy tratare de ser claro y sano en mis disculpas, asumiendo responsabilidad por mis acciones y por las de nadie mas. Dios mio, ayúdame a averiguar de que es de lo que necesito disculparme y que no es responsabilidad mía”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Reflexión del Dia: 16 de Septiembre

La seguridad emocional y nuestro nivel actual de inseguridad son factores importantes que debemos tener en mente al tomar nuestras decisiones. A veces nos volvemos económica y emocionalmente dependientes de una persona, y entonces nos enfrentamos a dos verdaderas preocupaciones —dos preocupaciones que pueden o no tener conexión entre sí—.37 Ninguno de estos factores se debe tomar a la ligera; cada uno de ellos demanda nuestra consideración. Mis palabras o nuestras esperanzas no disminuirán la realidad de estos hechos. Si somos dependientes económica o emocionalmente, ese es un hecho, y los hechos deben aceptarse y tomarse en cuenta. Pero creo que podemos luchar por volvernos menos dependientes. Y sé que podemos volvernos no-dependientes si queremos.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Septiembre 14… ¿Qué es bueno para mí?

Cuando nos estemos escudriñando el alma, ya sea a causa de pequeñas o grandes decisiones que enfrentemos durante el día, podemos aprender a preguntarnos, ¿ Esto es bueno para mí?… ¿Es esto lo que realmente quiero?…. ¿Es esto lo que necesito?…. ¿Siento que esta es la dirección correcta para mí?…¿O estoy sucumbiendo al control y la influencia que a veces permito que otros tengan sobre mí?
No es un egoísmo enfermizo cuestionarnos si algo nos conviene. Esa es una vieja manera de pensar. Preguntarnos si algo es bueno para nosotros es una conducta sana de la que no tenemos por qué avergonzarnos, y que probablemente resultará conforme también a los mejores intereses de las otras personas.
No nos extraviaremos en el sendero egoísta de la autoindulgencia por preguntarnos si una cosa nos conviene. No nos desviaremos del plan que Dios tiene para nosotros. Al hacernos esta sencilla pregunta, participamos en dirigir nuestra vida hacia el bien y el propósito más alto; nos adueñamos de nuestro poder para mantenernos en autoestima.

“Hoy empezaré a actuar conforme a mis mejores intereses. Lo haré con el entendimiento de que, en su momento, lo que elija no complacerá a todos los que me rodean. Lo haré con el entendimiento de que preguntarme si una cosa me conviene en último término me ayudará a asumir una verdadera responsabilidad por mi vida y por mis elecciones”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Septiembre 13… Tiempo de reprogramar

La recuperación no es puro trabajo cansado, no recompensado. Hay tiempos de alegría y de descanso, tiempos en que cómodamente practicamos lo que hemos aprendido. Hay épocas de cambio, épocas en las que batallamos por aprender algo nuevo o por superar un problema en particular.
Éstas son las épocas en las que lo que hemos estado practicando en la recuperación empieza a mostrarse en nuestra vida. Estas épocas de cambio son intensas, pero tienen un propósito.
También hay épocas en las que, a un nivel profundo, estamos siendo “reprogramados”. Empezamos a dejar ir creencias y conductas. podemos sentirnos asustados o confundidos durante estas épocas. Nuestras antiguas conductas o patrones podrán no habernos funcionado, pero eran cómodos y familiares.
Durante estas épocas podemos sentirnos vulnerables, solos y necesitados, como lo estamos en un viaje cuando no tenemos un mapa o una linterna, y nos sentimos como si nadie hubiera pasado antes por esta tierra.
Podemos no comprender lo que se esta resolviendo en nuestro interior. Podemos no saber adonde se nos esta conduciendo. Se nos está conduciendo. No estamos solos. Nuestro Poder Superior está obrando lo mejor para traer a nosotros un verdadero cambio. Otros han viajado por este camino también. Se nos conducirá hacia alguien que pueda ayudarnos, alguien que pueda brindar las señales que necesitamos. Se nos está preparando para recibir tanta alegría y amor como nuestro corazón puede albergar.
La recuperación es un proceso curativo. Podemos confiar en él, aunque no lo comprendamos. Estamos justo donde necesitamos estar dentro de este proceso. Estamos pasando exactamente por lo que necesitamos experimentar. Y a donde estamos yendo es mejor que cualquier lugar en el que hayamos estado.

“Hoy, Dios Mío ayúdame a creer que los cambios por los que estoy atravesando son para bien. Ayúdame a creer que el camino por el que estoy viajando me llevará a un lugar de luz, de amor y de alegría”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Septiembre 6… Lo bueno del Paso Diez

El Paso Diez dice: “Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos, lo admitíamos inmediatamente”. No sugiere que ignoremos lo que es correcto en nuestra vida. Dice que continuemos haciendo un inventario personal y que nos mantengamos concentrados en nosotros mismos.
Al hacer un inventario, queremos ver muchas cosas. Podemos buscar sentimientos que necesitan nuestra atención. Podemos ver si se está deslizando furtivamente la baja autoestima. Podemos buscar viejas maneras de pensar, de sentir y de comportarnos. Podemos buscar errores que necesiten corregirse.
Pero una parte vital de nuestro inventario es también concentrarse en lo que estamos haciendo bien y en todo lo bueno que hay a nuestro alrededor.
Parte de nuestra codependencia consiste en concentrarnos obsesivamente en lo que está mal y en lo que podemos estar haciendo mal, sea real o imaginario. En la recuperación estamos aprendiendo a concentrarnos en lo que está bien.
Mira sin miedo, con ojos amorosos, positivos.
¿Qué hiciste bien hoy?
¿Te comportaste distinto hoy a como lo hubieras hecho hace un año?
¿Buscaste a alguien y te permitiste ser vulnerable? ¿Puedes felicitarte por ello?.
¿Tuviste un mal día pero lidiaste con él en forma eficaz?
¿Practicaste la gratitud o la aceptación?
¿Tomaste un riesgo, te adueñaste de tu poder o fijaste un límite?
¿Te hiciste responsable de ti mismo de una forma que no la hubieras hecho antes?
¿Te diste tiempo para la plegaría y la meditación?
¿Confiaste en Dios?
¿Dejaste que alguien hiciera algo por ti?.

Aún en nuestros peores días:

Podemos encontrar una cosa que hayamos hecho bien.
Podemos encontrar algo que nos haga sentir esperanzados.
Podemos encontrar algo que anticipar.
Podemos concentrarnos realistamente en las visiones de lo que puede ser.

“Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de permanecer inmerso en la negatividad. Puedo cambiar en mí mismo y en mi miedo la energía negativa en energía positiva. También me esforzaré por encontrar una cualidad que me guste en alguien más que sea importante para mí, y correré el riesgo de decírselo a él o a ella”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Septiembre 5… Paso Diez

Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos, lo admitíamos inmediatamente. (Paso Diez de Al-Anón).

Una vez que hemos llegado hasta este Paso, podemos mantener nuestra autoestima e incrementarla trabajando en forma regular el Paso Diez.
Este paso incorpora el proceso por el que hemos atravesado en los Pasos del Cuatro al Nueve. No trabajamos este Paso para castigarnos ni para tenernos bajo un microscopio que es constantemente crítico y degradante.
Lo trabajamos para mantener la autoestima y la armonía en nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Lo trabajamos para seguir en el camino.
Cuando surge un asunto o problema que necesita nuestra atención, lo identificamos y lo discutimos abiertamente, por lo menos con una persona segura y con Dios. Lo aceptamos. Estamos dispuestos a dejarlo ir. Le pedimos a Dios que lo aparte de nosotros. Tenemos un cambio de corazón al estar dispuestos a hacer cualquier reparación del daño que se requiere, a hacer lo que sea necesario para cuidar de nosotros mismos. A tomar una acción apropiada para resolver el asunto. Y luego a dejar ir la culpa y la vergüenza.
Esta es una simple formula para cuidar de nosotros mismos. Así es como cambiamos. Así es como somos cambiados. Este es un proceso para curar y ser sanos. Este es un proceso para lograr autorresponsabilidad y autoestima.
La próxima vez que hagamos algo que nos moleste, que sintamos que nos hemos salido del camino, o que hemos perdido el rumbo, no tenemos que desperdiciar nuestro tiempo y energía sintiéndonos avergonzados. Podemos seguir el Paso Diez. Dejar que se de el proceso. Y proseguir con nuestra vida.

“Dios mio, ayúdame a practicar este y los otros Pasos como una forma habitual de responder a la vida y a mis asuntos. Ayúdame a saber que soy libre de vivir, de permitirme a mi mismo experimentar con la vida y de experimentar la vida. Si pierdo el rumbo, o si surge algún asunto que exija mi atención, ayúdame a lidiar con ello usando el Paso Diez”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 25 de Agosto

Muchos de nosotros tenemos noches oscuras. Muchos tenemos incertidumbre soledad y el aguijón de necesidades y deseos que suplican ser satisfechos, y que sin embargo aparentemente pasan desapercibidos.
A veces el camino está brumoso y resbaloso y no tenemos esperanza. Lo único que podemos sentir es miedo. Lo único que podemos ver es la oscuridad. Una noche yo iba manejando con este tipo de clima. No me gusta manejar, y particularmente no me gusta manejar cuando hay mal tiempo. Estaba tiesa y asustada hasta el tuétano. Apenas podía ver; las calaveras tan sólo iluminaban unos cuantos metros de la carretera. Estaba casi ciega. Empecé a sentir pánico. ¡Podría suceder cualquier cosa! Luego, un pensamiento tranquilizante entró en mi mente. El camino sólo estaba iluminado unos cuantos metros, pero cada vez que pasaba esos cuantos metros, se iluminaba un pedazo nuevo. No importaba que no pudiera ver muy a lo lejos. Si me relajaba, podía ver tan lejos como era necesario por el momento. La situación no era ideal, pero podría sobrellevarla si mantenía la calma y trabajaba con lo que disponía.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).