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Meditación 2 de Febrero… Dejar ir la perfección

Mientras viajo a través de la recuperación, cada vez aprendo más que aceptarme a mí mismo y mi idiosincrasia -murmurándome por mis maneras- me lleva mucho más allá de buscarme a mí mismo y tratar de ser perfecto. Tal vez de eso se trata en realidad: amor propio absoluto, alegría y autoaceptación.
(Anónimo).

Deja de esperar la perfección de ti mismo y de quienes te rodean.
Hacemos algo terrible y molesto para nosotros mismos y para los demás cuando esperamos la perfección. Configuramos una situación en la que otros, incluidos nosotros mismos, no se sienten cómodos con nosotros. A veces, esperar la perfección hace que la gente se ponga tan tensa que cometan más errores de lo normal porque estamos muy nerviosos y concentrados en los errores.
Eso no significa que permitamos comportamientos inapropiados con la excusa de que “nadie es perfecto”. Eso no significa que no tengamos límites y expectativas razonables de las personas y de nosotros mismos.
Pero nuestras expectativas deben ser razonables. Esperar la perfección no es razonable.
La gente comete errores. Mientras menos ansiosos, intimidados y reprimidos estén por las expectativas de ser perfectos, mejor lo harán.
El esfuerzo por la excelencia, la pureza en la creatividad, un desempeño armonioso y lo mejor que tenemos para ofrecer no ocurre en la atmósfera obstaculizada, negativa y productora de miedo de esperar la perfección.
Tener y establecer límites. Tener expectativas razonables Esfuérzate por hacerlo lo mejor posible. Animar a otros a hacer lo mismo. Pero sepa que nosotros y otros cometeremos errores. Sepa que nosotros y los demás tendremos experiencias de aprendizaje, cosas que atravesamos.
A veces, los defectos y las imperfecciones en nosotros mismos determinan nuestra singularidad, como lo hacen en una obra de arte. Saborearlos. Ríase de ellos. Abrázalos y a nosotros mismos.
Anime a otros y a nosotros mismos a hacer lo mejor que podamos. Amarnos y nutrirnos a nosotros mismos y a los demás por ser quienes somos. Entonces comprenda que no somos meramente humanos, fuimos creados y pensados ​​para ser humanos.

“Hoy, Dios, ayúdame a dejar de lado mi necesidad de ser perfecto e insistir irracionalmente en que los demás son perfectos. No usaré esto para tolerar el abuso o el maltrato, sino para lograr expectativas adecuadas y equilibradas. Estoy creando una atmósfera saludable de amor, aceptación y nutrición alrededor y dentro de mí. Confío en que esta actitud sacará lo mejor de otras personas y de mí.”

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Meditación 30 de Enero… Ora por los que resientes

Mi historia favorita acerca de orar por aquellos a los que me molesta es una que dije en Playing It by Heart. Aquí está de nuevo:
Hace años, cuando vi el Stillwater Gazette, el diario familiar más antiguo que existe, sabía que quería trabajar allí. Podía sentirlo, en mis huesos y en mi corazón. Sin embargo, cuando entré a las oficinas para solicitar el puesto, el propietario no tuvo la misma sensación que yo. Tenía una vacante para un periodista, pero quería contratar a alguien más. Abigail, dijo, era la adecuada para este trabajo.
Oré por Abigail todos los días. Le pedí a Dios que la cuidara, la guiara y la bendijera rica y abundantemente. Oré por ella porque eso es lo que me habían enseñado a hacer, rezar por los que te molestan. A veces rezaba por ella tres cuatro veces al día. Recé por ella tanto porque me molestaba tanto.
Dios, odiaba a Abigail.
Durante los próximos meses, casi medio año, bajé al Gazette una vez a la semana, pidiendo ser contratada. Finalmente, conseguí un trabajo allí. Pero no era el que yo quería. Abigail, bendita sea su corazón, tenía el mío.
Obtuvo las mejores asignaciones de historia. Ella trabajó tan rápido y con tanta facilidad periodística.
Así que seguí orando, “Dios bendiga a Abigail”, porque eso es todo lo que sabía hacer.
A lo largo de los meses, cuando obtuve mis tareas menores del editor, menos que Abigail, es decir, comencé a ver su trabajo. Ella escribía rápido y eficientemente. Tengo razón al punto. Ella era una buena entrevistadora, también. Empecé a esforzarme para escribir mejor y más rápido. Si Abigail puede hacerlo, yo también puedo hacerlo, me dije.
Mi enemigo comenzó a inspirarme. Durante las semanas y meses que pasaron, pasé más y más tiempo alrededor de Abigail. La escuché hablar. Escuché sus historias. Lentamente, mi enemigo se convirtió en mi amigo.
Un día, Abigail y yo estábamos tomando un café. La miré, la miré directamente a los ojos. Y de repente me di cuenta de que ya no odiaba a Abigail. Ella estaba haciendo su trabajo. Yo estaba haciendo lo mío.
Pronto, recibí una oferta de un editor para escribir un libro. Me alegré de no haber tenido el trabajo de Abigail; No hubiera tenido tiempo de escribir ese libro. Entonces, un día de junio de 1987, ese libro llegó a la lista de best sellers del New York Times .
Años después, escribí la historia sobre Abigail en Playing It by Heart. El libro fue publicado. Regresé a Minnesota para hacer una firma de libros. Estaba en el baño de la librería, lavándome las manos, cuando una mujer se me acercó.
“Hola, Melody”, dijo. La miré, confundido. “Es Abigail”, dijo ella. Abigail no era su verdadero nombre; era un nombre que le había dado en la historia. Pero con esas palabras, me di cuenta de que había leído la historia. Sabía que era Abigail y sabía cómo me sentía.
Bromeamos sobre eso por unos momentos. Le pregunté cómo era su vida. Ella dijo que había dejado de escribir y se había convertido en esposa y madre. Dije que todavía estaba escribiendo, y mis años como esposa y madre fueron en su mayor parte.
Los resentimientos son cosas tan tontas. La envidia también es tonta. Pero esas tonterías pueden devorar nuestros corazones. A veces, las personas se ponen en nuestras vidas para enseñarnos sobre lo que somos capaces de hacer. A veces, las personas que percibimos como enemigos son realmente nuestros amigos. ¿Hay alguien en tu vida que estés gastando energía sintiéndote envidioso o resentido? ¿Podría esa persona estar ahí para enseñarte algo sobre ti que no conoces o para inspirarte a lo largo de tu camino? No sabrá la respuesta a esa pregunta hasta que obtenga la envidia y el resentimiento de su corazón.

“Dios, gracias por la gente a la que resiento y envidio. Bendícelos ricamente. Abre puertas para ellos, premialos con abundancia. Ayúdame a saber que mi éxito no depende de su fracaso; es equivalente a cuánto te pido que los bendigas.”

(Melody Beattie de su Libro Mas del Lenguaje del Adiós).

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Meditación 22 de Enero… Aprecia tu pasado

Es fácil ser negativos acerca de nuestros errores e infelicidad pasados. Pero es mucho más sano que nos veamos a nosotros mismos y a nuestro pasado a la luz de la experiencia, de la aceptación y del crecimiento interior. Nuestro pasado es una serie de lecciones que nos hace avanzar a niveles más altos de vivir y de amar.
Las relaciones que establecimos, en las que permanecimos, o que dimos por terminadas, nos enseñaron lecciones que eran necesarias. Algunos hemos surgido de las más dolorosas circunstancias con grandes conocimientos acerca de quiénes somos y qué queremos.
¿Nuestros errores? Necesarios. ¿Nuestras frustraciones, fracasos y a veces nuestros tropiezos con el progreso y el crecimiento interior? Necesarios también.
En cada paso del camino, aprendimos. Pasamos exactamente por las experiencias que necesitábamos para convertirnos en lo que somos hoy. En cada paso del camino, progresamos.
¿Es un error nuestro pasado? ¡No! El único error que podemos cometer es confundir ese pasado con la verdad.

“Hoy, ayúdame Dios mío a alejar los pensamientos negativos que pudiera estar albergando acerca de mis circunstancias o de mis relaciones pasadas. Puedo aceptar, con gratitud, todo lo que el pasado me ha traído al día de hoy”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Meditación 8 de Enero… Vulnerabilidad

Algunos de nosotros hemos tomado la decisión de que nadie nos iba a volver a lastimar. Podemos recurrir automáticamente al “congelamiento de sentimientos” cuando encaramos dolor emocional. O bien, podemos terminar una relación en cuanto nos sentimos heridos.
Que a veces nos hieran es parte de la vida, de las relaciones y de la recuperación.
Es comprensible que no queramos sentir más dolor. Muchos ya hemos tenido más que suficiente. De hecho, en alguna época de nuestra vida quizá nos hayamos visto agobiados, extenuados o nos hayamos detenido en nuestro camino por el profundo dolor que sentíamos. Quizá no hayamos tenido los recursos para lidiar con nuestro dolor o cuidar
de nosotros mismos.
Pero eso fue ayer. Hoy no tenemos por qué temerle tanto al dolor. Este no tiene por qué agobiarnos. Nos estamos volviendo bastante fuertes para manejar nuestros sentimientos cuando nos sentimos lastimados. Tampoco tenemos que convertirnos en mártires, diciendo que el sufrimiento y el dolor es lo único que existe en la vida.
Lo único que necesitamos es que cuando sea apropiado, nos permitamos sentirnos vulnerables para sentirnos heridos y tomemos responsabilidad de nuestros sentimientos, de nuestras conductas y de lo que necesitemos hacer para cuidar de nosotros mismos. No tenemos que analizar nuestros sentimientos ni justificarlos. Necesitamos sentirlos y no dejar que controlen nuestra conducta.
Quizá nuestro dolor nos esté mostrando que necesitamos fijar un límite, que estamos yendo en dirección equivocada o quizá esté disparando un profundo proceso curativo.
Está bien sentirnos heridos, llorar, curarnos, experimentar el siguiente sentimiento, pero sólo cuando sea tiempo para ello. Nuestra disposición y capacidad para sentirnos lastimados con el tiempo igualarán nuestra disposición y capacidad para sentir alegría. Estar en recuperación no significa ser inmune al dolor; significa aprender a cuidar amorosamente de nosotros mismos cuando nos sintamos dolidos.

“Hoy no me lanzaré en contra de los que me causan dolor. Sentiré mis emociones y asumiré la responsabilidad de ellas. Aceptaré el hecho de sentirme herido como parte del tener relaciones. Estoy dispuesto a rendirme tanto al dolor como a las alegrías de la vida”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Meditación 24 de Diciembre… Pasando las Navidades

Para algunos, las escenas, los signos y los olores de las navidades les traen un sentimiento de alegría y calidez. Pero mientras otros se sumergen alegremente en la época navideña, algunos de nosotros nos hundimos en el conflicto, en la culpa y en un sentimiento de perdida.
Leemos artículos acerca de como disfrutar las vacaciones, leemos acerca de la depresión de Navidad, pero muchos de nosotros aun no podemos figurarnos como atravesar la temporada navideña. No sabemos como es y como se siente tener una Navidad alegre.
Muchos de nosotros estamos divididos entre lo que queremos hacer en las vacaciones navideñas y lo que sentimos que tenemos que hacer. Podemos sentirnos culpables porque no queremos estar con nuestras familias. Podemos experimentar una sensación de perdida porque no tenemos el tipo de familia con la que querríamos estar. Muchos de nosotros, años tras años, entramos al mismo comedor en el mismo día festivo esperando que este año sea diferente. Luego nos marchamos, año tras año, sintiendo que nos han fallado, sintiéndonos decepcionados y confundidos por todo ello.
Muchos de nosotros tenemos viejos recuerdos dolorosos que los días festivos disparan. Muchos de nosotros sentimos un gran alivio cuando terminan los días festivos.
Uno de los más grandes regalos de la recuperación es aprender que no estamos solos. Probablemente hay tantos de nosotros que se sienten en conflicto durante los días festivos como tantos que se sienten en paz. Estamos aprendiendo, por medio de ensayo y error, a cuidar un poco mejor de nosotros cada época navideña.
Nuestra primera tarea de recuperación durante las festividades navideñas, es aceptarnos a nosotros mismos, nuestra situación y nuestros sentimientos acerca de la situación. Aceptamos nuestro sentimiento de culpa, nuestra ira y nuestra sensación de pérdida. Todo está bien.
No hay una manera perfecta o correcta de manejar las festividades. Podemos encontrar nuestra fortaleza haciendo las cosas lo mejor que podamos, un año a la vez.

“Esta temporada navideña, me daré permiso para cuidarme a mí mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Reflexión del Dia: 19 de Diciembre

Muchos de nosotros hemos creído que nuestras necesidades no son importantes y que no debemos mencionarlas. Algunos incluso hemos llegado a creer que nuestras necesidades son malas o están mal, de modo que hemos aprendido a reprimirlas y a empujarlas fuera de nuestra conciencia. No hemos aprendido a identificar lo que necesitamos, ni a escuchar a esa necesidad porque de todos modos no importaba: nuestras necesidades no iban a ser satisfechas. Algunos de nosotros no hemos aprendido cómo satisfacer adecuadamente nuestras necesidades.
Darnos a nosotros mismos lo que necesitamos no es difícil. Creo que podemos aprender rápido. La fórmula es sencilla: en cualquier situación dada, desapégate y pregunta: “¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo?”
Luego necesitamos escucharnos a nosotros mismos y a nuestro poder superior. Respetar lo que oímos. El demente negocio de castigarnos por lo que pensamos, sentimos, y deseamos, esta tontería de no escuchar a quien realmente somos y a lo que nuestro yo lucha por decirnos debe parar. ¿Cómo creen que Dios trabaja con nosotros? Como ya lo he dicho antes, no es de sorprender que pensemos que Dios nos ha abandonado; nos hemos abandonado nosotros mismos. Podemos ser gentiles y aceptarnos. No somos sólo o meramente humanos, fuimos creados con la intención de que fuéramos humanos. Y podemos ser compasivos con nosotros mismos. Después, tal vez, podamos desarrollar verdadera compasión hacia los demás.
Escuchen lo que nuestro precioso yo trata de decirnos acerca de lo que necesitamos.
Quizá necesitemos apurarnos y acudir a una cita. Tal vez necesitemos desacelerar y tomarnos un día de descanso. Quizá necesitemos hacer ejercicio o dormir la siesta. Podemos necesitar estar solos. Podemos querer estar rodeados de gente. Quizá necesitemos conseguir un empleo. Tal vez necesitemos trabajar menos. Quizá necesitemos un abrazo, un beso o un masaje en la espalda.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Meditación 8 de Diciembre… Valoremos nuestras necesidades

Cuando no pedimos lo que queremos y necesitamos, nos menospreciamos a nosotros mismos. Merecemos algo mejor.
Quizá los demás nos enseñaron que no era educado o apropiado que habláramos por nosotros mismos. La verdad es que, si no lo hacemos, nuestros deseos y necesidades insatisfechos en último término vendrán a rondar nuestras relaciones. Podemos terminar sintiéndonos enojados o frustrados, o podemos empezar a castigar a alguien más por no averiguar lo que necesitamos. Podemos terminar la relación porque no satisface nuestras necesidades.
La intimidad y la cercanía solamente son posibles en una relación donde ambas personas pueden decir lo que quieren y lo que necesitan. Una intimidad sostenida así lo exige.
A veces podemos tener que exigir incluso lo que queremos. A eso se le llama fijar un límite. No hacemos esto para controlar a otra persona, sino para ganar el control de nuestra vida.
Nuestra actitud hacia nuestras necesidades también es importante. Debemos valorarlas y tomarlas en serio si esperamos que los demás nos tomen en serio. Cuando empecemos a darle valor e importancia a nuestras necesidades, veremos un cambio notable. Empezarán a satisfacerse nuestros deseos y necesidades.

“Hoy respetaré los deseos y necesidades míos y de los demás. Me diré a mí mismo, a los demás y a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. También escucharé lo que ellos quieren y necesitan”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).