Marzo 27… La resaca

“¿Como pude haberlo hecho?¿Como pude haberlo dicho? Aunque eso era lo que quería, aun así me siento avergonzado, culpable y asustado”.
Esta es una reacción común ante conductas de recuperación nuevas, emocionantes. Cualquier cosa que hagamos para adueñarnos de nuestro poder y cuidar de nosotros mismos puede disparar sentimientos de vergüenza, de culpa y de miedo.
No tenemos por que permitir que estos sentimientos nos controlen. Son un contraataque, una resaca. Déjalos desintegrarse.
Cuando empezamos a confrontar y a atacar sentimientos y mensajes, experimentaremos algo de resaca.
La resaca es lo que habíamos permitido que controlara toda nuestra vida, sentimientos de vergüenza y de culpa.
Muchos de nosotros crecimos con mensajes, con base en la vergüenza, que nos decían que no estaba bien cuidar de nosotros mismos, ser honestos, ser directos y adueñarnos de nuestro poder con la gente.
Muchos de nosotros crecimos con mensajes que decían que no estaba bien ser quienes éramos y resolver nuestros problemas en las relaciones con los demás.
Muchos de nosotros crecimos con el mensaje de que lo que queríamos y necesitábamos no estaba bien.
Deja que todo eso se queme hasta desintegrarse. No tenemos por qué tomarnos tan en serio la resaca. No permitamos ya que la resaca nos convenza de que estamos equivocados y de que no tenemos derecho a cuidar de nosotros mismos ni a fijar límites.
¿Realmente tenemos derecho a cuidar de nosotros mismos? ¿Tenemos realmente derecho a fijar límites? ¿Realmente tenemos derecho a ser directos y a decir lo que necesitamos decir? Por supuesto que lo tenemos.

“Hoy dejaré que se desintegre la resaca que siento después de practicar una nueva conducta de recuperación. No la tomaré tan en serio. Dios mío, ayúdame a dejar ir mi vergüenza y mis miedos innecesarios acerca de lo que me ocurrirá si realmente empiezo a amarme y a cuidar de mí mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Marzo 26… Regalos, no lastres

Los niños son un regalo. Nuestros hijos, si tenemos hijos, son un regalo para nosotros. Nosotros, cuando niños, fuimos un regalo para nuestros padres.
Tristemente, muchos de nosotros no recibimos el mensaje de nuestros padres de que éramos un regalo para ellos y para el universo. Quizá nuestros padres estaban sufriendo; tal vez nuestros padres querían que nosotros fuéramos sus nanas; quizá llegamos en una época difícil en sus vidas; tal vez ellos tenían sus propios asuntos por resolver y simplemente no fueron capaces de disfrutarnos, de aceptarnos y de apreciarnos como regalos que éramos.
Muchos de nosotros tenemos una creencia profunda, a veces subconsciente, de que éramos, y somos, una carga para el mundo y para la gente que nos rodea. Esta creencia puede bloquear nuestra capacidad para disfrutar la vida y nuestras relaciones con los demás. Esta creencia puede llegar incluso a deteriorar nuestra relación con un Poder Superior: podemos creer que somos una carga para Dios.
Si tenemos esa creencia, ya es tiempo de abandonarla. No somos un lastre. Nunca lo fuimos.
Si recibimos ese mensaje de nuestros padres, ya es tiempo de reconocer que ése es un asunto que ellos deben resolver.
Tenemos derecho a tratarnos a nosotros mismos como a un regalo, para nosotros mismos, para los demás y para el universo.

“Hoy me trataré a mí mismo, y a los hijos que tenga, como si fuéramos un regalo. Dejaré ir todos las creencias que tengo de que soy un lastre, para mi Poder Superior, para mis amigos, para mi familia y para mí mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 25 de Marzo

No es de extrañar que tengamos problemas de comunicación.
Hablar clara y directamente no es difícil. De hecho, es fácil. Y divertido. Empecemos por saber que está bien ser como somos. Nuestros sentimientos y pensamientos están bien. Nuestras opiniones cuentan. Está bien hablar acerca de nuestros problemas. Y está bien decir que no.
Podemos decir que no cada vez que así lo sintamos. Es fácil. Dilo ahora mismo. Diez veces. ¿Viste qué fácil fue? Por cierto, los demás también pueden decir que no. Se hace más fácil si tenemos iguales derechos. Cada vez que nuestra respuesta sea no, empecemos a responder con la palabra no en vez de decir, “no lo creo”, o “tal vez”, o cualquiera otra frase vacilante.89
Digamos lo que queremos, y queramos decir lo que decimos. Si no sabemos qué queremos decir, quedémonos callados y pensemos sobre ello. Si nuestra respuesta es, “no lo sé”, digamos “no lo sé”.
Aprendamos a ser concisos. Dejemos de andarle dando vueltas a la gente. Lleguemos al punto y cuando lo hayamos hecho, detengámonos.
Hablemos acerca de nuestros problemas. No le somos desleales a nadie al revelar quiénes somos y sobre qué tipo de problemas estamos trabajando. Lo único que sí hacemos es fingir al no ser quiénes somos.
Compartamos secretos con amigos de confianza que no los usarán en contra nuestra ni nos ayudarán a sentirnos avergonzados. Podemos tomar decisiones apropiadas acerca de con quién hablar, qué tanto decirle y cuál es el mejor momento para hablar.
Expresemos nuestros sentimientos abierta, honesta, adecuada y responsablemente. Permitamos que los demás hagan lo mismo. Aprendamos las palabras: Yo siento. Permitamos que los demás digan estas palabras y aprendamos a escuchar, no a arreglar.
Podemos decir lo que pensamos. Aprendamos a decir: “Lo que pienso es esto”. Nuestras opiniones pueden ser diferentes a las de los demás. Eso no significa que estemos mal. No tenemos que cambiar nuestras opiniones, y tampoco la otra persona, a menos que alguno de nosotros lo desee.
Podemos incluso estar equivocados.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Marzo 25… Deja ir la preocupación

¿Qué tal si… supiéramos que todo aquello por lo que nos hemos preocupado hoy se va a solucionar de la mejor manera?
¿Qué tal si… tuviéramos la garantía de que el problema que nos está molestando será resuelto de la forma más perfecta, y en el momento más adecuado posible? Y lo que es más, ¿ Qué tal… si supiéramos que dentro de tres años estaríamos agradecidos por ese problema y por su solución? ¿ Qué tal si… supiéramos que hasta el peor de nuestros miedos se resolverán para bien nuestro?
¿Qué tal si… tuviéramos la garantía de que todo lo que está ocurriendo y todo lo que ha ocurrido en nuestra vida ha tenido que pasar, ha sido planeado para cada uno de nosotros y es lo que más nos conviene?
¿Qué tal si… tuviéramos la garantía de que la gente que amamos está experimentando exactamente lo que necesita para convertirse en aquello que estaba destinada a convertirse? Y aún más, ¿qué tal si tuviéramos la garantía de que los otros pueden ser responsables de ellos mismos y nosotros no tenemos que controlarnos ni asumir sus responsabilidades?
¿Qué tal si… supiéramos que el futuro va a ser bueno y que vamos a tener abundancia de recursos y de guía para manejar lo que se nos venga?
¿Qué tal si… supiéramos que todo va a estar bien y que no tenemos que preocuparnos por nada? ¿Qué haríamos entonces?

Estaríamos libres para dejar ir la preocupación y disfrutar de la vida.

“Hoy sabré que no tengo que preocuparme por nada. Si me preocupo, lo haré en el entendimiento de que estoy eligiendo preocuparme, y que esto no es necesario”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Marzo 24… Apreciémonos a nosotros mismos

Nosotros somos lo más grande que alguna vez pueda sucedernos. Créelo. Esto hace la vida mucho más fácil. (Ya no seas codependiente).

Ya es tiempo de parar esa tontería de andar por ahí criticándonos a nosotros mismos. Quizá hayamos caminado la mayor parte de nuestra vida pidiendo disculpas directa o indirectamente, sintiéndonos menos valiosos que los otros, creyendo que ellos saben más que nosotros y creyendo que de alguna manera los otros tienen derecho a estar aquí y nosotros no. Tenemos derecho a estar aquí. Tenemos derecho a ser nosotros mismos.
Estamos aquí. Hay un propósito, una razón, una intención para nuestra vida. No tenemos por qué disculparnos por estar aquí o por ser lo que somos. Somos suficientemente buenos y merecedores. Los otros no tienen nuestra magia. Nosotros la tenemos. Está en nuestro interior.
No importa lo que hayamos hecho en el pasado. Todos tenemos un pasado, entretejido de errores, éxitos y experiencias de aprendizaje. Tenemos derecho a nuestro pasado. Es nuestro. Ha trabajado para moldearnos y para formarnos. A medida que progresemos en este viaje, veremos cómo cada una de nuestras experiencias se volteará y será usada para nuestro bien.
Ya hemos pasado demasiado tiempo sintiéndonos avergonzados, disculpándonos y dudando de nuestra belleza interior. Hay que acabar con eso. Dejarlo ir. Es un lastre innecesario. Los otros tienen derecho, pero nosotros también. No somos ni mas ni menos que ellos. Somos iguales. Somos quienes somos. Para eso fuimos creados, y eso era lo que debíamos ser.
Eso, mi amigo, es un regalo maravilloso.

“Dios mio, ayúdame a adueñarme de mi poder para amarme y apreciarme a mi mismo. Ayúdame a valorarme en vez de buscar que los otros lo hagan”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Marzo 23… Las reacciones de los demás cuando fijamos limites

Necesitamos saber que tan lejos iremos, y que tan lejos le permitiremos ir a los demás con nosotros. Una vez que entendamos esto, podremos ir dondequiera. (Mas allá de la Codependencia)

Cuando nos adueñamos de nuestro poder para cuidarnos nosotros mismos- fijar un limite, decir “no”, cambiar un antiguo patrón de conducta- podremos obtener una reacción airada por parte de algunas personas. Eso está bien. No tenemos por qué dejar que sus reacciones nos controlen, nos detengan o influyan sobre nuestra decisión de cuidar de nosotros mismos.
No tenemos por qué controlar sus reacciones ante nuestro proceso de autocuidado. Esa no es nuestra responsabilidad. Tampoco tenemos por qué esperar que ellos no reaccionen. La gente reaccionará cuando hagamos las cosas de distinta manera o cuando tomamos una acción asertiva para cuidar de nosotros mismos, particularmente si nuestra decisión les afecta de alguna manera. Déjalos que sientan lo que quieran. Pero sigue tu camino, de todos modos.
Si la gente está acostumbrada a que nos comportemos de cierta forma, intentará convencernos de seguir siendo así para evitar que el sistema cambie. Si la gente está acostumbrada a que nosotros digamos “si” todo el tiempo, puede empezar a murmurar y a refunfuñar cuando digamos “no”. Si la gente está acostumbrada a que nosotros asumamos sus responsabilidades, sentimientos y problemas, podrían reaccionar airadamente cuando dejemos de hacerlo. Eso es normal. Podemos aprender a vivir con un poco de reacciones adversas en nombre de nuestra salud mental. No con abuso, acuérdate, con reacciones adversas.
Si la gente está acostumbrada a controlarnos a través de la culpa, de la bravata y de fastidiar, puede intensificar sus esfuerzos cuando cambiamos y nos rehusamos a que nos controlen. Eso está bien. Eso también es una reacción airada.
No tenemos por qué dejar que las reacciones adversas nos hagan volver a los viejos procederes si hemos decidido que queremos y necesitamos cambiar. No tenemos por qué reaccionar a las reacciones airadas ni prestarles demasiada atención. No la merecen. Irán muriendo solas.

“Hoy no haré caso a ninguna reacción adversa que reciba por estar cambiando mi comportamiento o por estar haciendo otros esfuerzos por ser yo mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 22 de Marzo

Podemos ser asertivos y sostenernos sin ser abrasivos ni agresivos. Aprendamos a decir: “Hasta aquí llego. Este es mi límite. No toleraré esto”. Y querer decir esas palabras.
Podemos mostrarnos compasivos y preocupados por los demás sin rescatarlos. Aprendamos a decir: “Parece que tienes un problema. ¿Qué necesitas de mí?” Aprendamos a decir: “Me da pena que tengas ese problema”. Luego desapégate. No tenemos que arreglarlo nosotros.
Podemos discutir nuestros problemas y sentimientos sin esperar tampoco que la gente nos rescate. Nos podemos conformar con que se nos escuche. Eso es, de todos modos, tal vez lo único que queríamos.
Una queja común que escucho por parte de los codependientes es: “¡Nadie me toma en serio!” Tomémonos a nosotros mismos en serio. Equilibremos eso con un sentido del humor adecuado y no tendremos que preocupamos acerca de lo que cualquier otro haga o no haga.
Aprendamos a escuchar lo que la gente dice y lo que no dice. Aprendamos a escucharnos, al tono de voz que empleamos, a las palabras que elegimos, al modo como nos expresamos y a los pensamientos que cruzan por nuestra mente.
El habla es una herramienta y un deleite. Hablamos para expresarnos. Hablamos para que nos escuchen. Hablar nos permite comprendernos a nosotros mismos y nos ayuda a entender a los demás. Hablar nos ayuda a enviar mensajes a otras personas. A veces hablamos para lograr cercanía e intimidad. Quizá no siempre tenemos algo espectacular que decir, pero queremos tener contacto con la gente. Queremos tender un puente entre nuestras brechas. Queremos compartir y mantenernos cerca. A veces hablamos para divertirnos—para jugar, disfrutar, burlarnos y entretenernos—. Hay veces en que hablamos para cuidar de nosotros mismos, para que quede claro que no permitiremos que se nos insulte ni se abuse de nosotros, que nos amamos a nosotros mismos, y de que hemos tomado decisiones de acuerdo con lo que nos conviene más. Y a veces simplemente hablamos.
Necesitamos asumir la responsabilidad por la comunicación. Que nuestras palabras reflejen una elevada autoestima al igual que estimación por los demás. Seamos honestos. Seamos directos. Seamos abiertos. Seamos gentiles y amorosos cuando sea apropiado serlo. Seamos firmes cuando la situación exige firmeza. Pero, por encima de todo, seamos quienes somos y digamos lo que necesitamos decir.
En amor y dignidad, hablemos con la verdad —-así como la pensamos, la sentirnos y la sabemos— y la verdad nos hará libres.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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