Reflexión del Dia: 16 de Marzo

Los sentimientos son energía Los sentimientos reprimidos bloquean nuestra energía. No estamos en la mejor forma cuando estamos bloqueados.
Otro problema con los sentimientos reprimidos es que estos no desaparecen. Se prolongan, a veces haciéndose cada vez más fuertes y provocando que hagamos cosas peculiares. Debemos mantenernos un paso adelante del sentimiento, tenemos que mantenernos ocupados, tenemos que hacer algo. No nos atrevemos a quedarnos quietos y en paz porque entonces podríamos sentir esas emociones. Y el sentimiento podría irrumpir de todas maneras, imponiéndonos hacer algo que nunca tuvimos la intención de hacer: gritarles a los niños, dar una patada al gato, derramar algo sobre nuestro vestido favorito, o llorar en una fiesta. Nos quedamos varados en los sentimientos porque estamos tratando de reprimirlos y al igual que un vecino insistente, no se irán hasta que reconozcamos su presencia.
La gran razón para no reprimir esos sentimientos es que el aislamiento emocional nos hace perder nuestros sentimientos positivos. Perdemos la capacidad para sentir. A veces este puede ser un alivio bienvenido si el dolor se vuelve demasiado grande o demasiado constante, pero este no es un buen plan de vida. Podemos cerrar nuestras hondas necesidades —las de amar y de ser amados— cuando cerramos nuestras emociones. Podemos perder nuestra capacidad para disfrutar del sexo, del tacto humano. Perdemos la capacidad de sentirnos cerca de la gente, que se conoce como intimidad. Perdemos nuestra capacidad para disfrutar de las cosas placenteras de la vida.
Perdemos contacto con nosotros y con nuestro medio ambiente. Ya no estamos en contacto con nuestros instintos. No percibimos nuestros sentimientos, ni lo que nuestros sentimientos nos están diciendo, ni problema alguno en nuestro medio ambiente. Perdemos el poder motivador de los sentimientos. Si no sentimos, probablemente no estamos analizando el pensamiento que acompaña al sentimiento, y no sabemos lo que nuestros yos nos están diciendo. Y si no manejamos nuestros sentimientos no cambiamos y no crecemos. Nos quedamos varados.
Los sentimientos pueden no ser siempre un barril de felicidad, pero reprimirlos puede ser verdaderamente desastroso. Así que, ¿cuál es la solución? ¿Qué hacemos con estos incómodos sentimientos que parecen ser tanto una carga como un deleite?
Los sentimos. Podemos sentir. Está bien sentir nuestros sentimientos, Está bien que tengamos sentimientos, todos los que hay. Incluso está bien que los hombres sientan. No está mal que haya sentimientos. Estos no son inadecuados. No necesitamos sentirnos culpables acerca de tos sentimientos. Los sentimientos no son hechos; sentir una furia homicida es enteramente distinto que cometer suicidio. Los sentimientos no se deben juzgar como buenos o malos. Los sentimientos son energía emocional; no son rasgos de personalidad.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

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Marzo 5… Sé como eres

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Cuando conozco gente o entro en una nueva relación, empiezo a imponerme toda esta serie de restricciones. No puedo sentir lo que siento. No puedo tener los deseos y necesidades que tengo. No puedo tener la historia que tengo. No puedo hacer las cosas que quiero, sentir lo que estoy sintiendo o decir lo que necesito decir. Me convierto en ese robot reprimido, perfeccionista, en vez de ser lo que soy: Yo (Anónimo).

A veces, nuestra reacción instintiva al estar en una nueva situación es: no seas tú mismo.
Y, ¿quién más podemos ser? ¿Quién más te gustaría ser? No necesitas ser nadie más.
El mayor regalo que podemos llevar a una relación es ser como somos. Quizá pensemos que no les gustaríamos a los demás. Tal vez tengamos miedo de que, si simplemente nos relajamos y somos nosotros mismos, la otra persona se alejará o nos hará sentirnos avergonzados. Quizá nos preocupemos de lo que vaya a pensar la otra persona. Pero cuando nos relajamos y nos aceptamos a nosotros mismos, la gente a menudo se siente mucho mejor cerca de nosotros que cuando somos rígidos y reprimidos. Es agradable estar cerca de nosotros.
Si los demás no nos aprecian, ¿realmente queremos estar cerca de ellos? ¿Necesitamos permitir que las opiniones de otros nos controlen a nosotros y a nuestra conducta?
Darnos permiso de ser como somos puede tener una influencia curativa sobre nuestras relaciones. Se relaja el tono de las mismas. Nos relajamos nosotros. La otra persona se relaja. Y luego, todo el mundo siente un poco menos de vergüenza, porque han sabido la verdad.
Ser lo que somos es lo único que podemos ser, lo único que estamos destinados a ser y eso basta. Está bien.
Lo único que verdaderamente importa es la opinión que tengamos de nosotros mismos. Y podemos darnos a nosotros mismos toda la aprobación que queremos y necesitamos.

“Hoy me relajaré y seré como soy en mis relaciones. No haré esto en forma degradante o inapropiada, sino de una manera que demuestre que me acepto a mí mismo y me valoro como soy. Ayúdame, Dios mío a dejar ir mis miedos acerca de ser yo mismo”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Febrero 14… Día de San Valentín

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Para los niños, el Día de San Valentín significa corazones de dulce, tarjetas bobas y excitación en el ambiente.
Qué diferente puede ser el Día de San Valentín para nosotros como adultos. El Día del Amor puede ser un símbolo de que aún no hemos conseguido que el amor nos funcione como nos gustaría.
O puede ser símbolo de algo diferente, de algo mejor. Ahora estamos en recuperación. Hemos empezado el proceso de curación. Hemos aprendido que nuestras más dolorosas relaciones nos han ayudado en el viaje de la curación, aunque no hayan hecho más que señalarnos nuestros propios problemas o mostrarnos lo que no queremos en nuestra vida.
Hemos empezado el viaje de aprender a amarnos a nosotros mismos. Hemos comenzado el proceso de abrir nuestro corazón al amor, al verdadero amor que fluye de nosotros hacia los demás y de ellos hacia nosotros. Haz algo para amarte a ti mismo. Haz algo amoroso y divertido para tus amigos, para tus hijos, para quienquiera que escojas.
Este es el Día del Amor. Estemos donde estemos en nuestro proceso curativo, podemos divertirnos con él tanto como queramos.
Cualesquiera que sean nuestras circunstancias, podemos sentirnos agradecidos de que nuestro corazón se está abriendo al amor.

“Hoy me abriré al amor de otras personas, del Universo y de mi Poder Superior. Hoy me permitiré a mi mismo dar y recibir el amor que quiero. Estoy agradecido de que mi corazón se este curando, de estar aprendiendo a amar”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Febrero 13… Confiemos en nosotros mismos

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Qué gran don se nos ha dado, el don de nosotros mismos. Escucharnos a nosotros mismos, confiar en el instinto y la intuición es rendir tributo a ese regalo.
Qué perjudicial es no seguir la guía y la inclinación que surgen tan naturalmente desde el interior.
¿Cuándo aprenderemos que esas guías e inclinaciones nos acercan al rico plan de Dios para nosotros?
Aprenderemos. Aprenderemos escuchando, confiando y siguiendo esa guía.
¿Qué es tiempo ya de hacer?….
¿Qué necesito hacer para cuidar de mí mismo?…
¿A qué se me está guiando para que haga?…
¿Qué es lo que sé?

Escuchemos y sabremos.
Escuchemos la voz interior.

“Hoy escucharé y confiaré. Se me ayudará a tomar acción cuando sea necesario. Puedo confiar en mí y en Dios”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Febrero 3… Rechazo a la vergüenza

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La vergüenza puede ser una fuerza poderosa en nuestra vida. Es la marca de fábrica de las familias disfuncionales.
El legítimo, auténtico sentimiento de culpa es sentir o pensar que lo que hicimos no estuvo bien. Nos indica que necesitamos cambiar o alterar nuestra conducta, o que necesitamos reparar un daño.
La vergüenza es la agobiante sensación negativa de que no está bien ser lo que somos. La vergüenza es una situación en la que no hay forma de ganar. Podemos cambiar nuestros comportamientos, pero no podemos cambiar lo que somos. La vergüenza nos puede hundir en conductas contraproducentes y, a veces, autodestructivas.
¿Cuáles son las cosas que nos hacen sentir vergüenza?
Podemos sentirnos avergonzados cuando tenemos un problema o cuando el que lo tiene es alguien a quien amamos. Podemos sentir vergüenza por haber cometido errores o por haber tenido éxito.
Podemos sentirnos avergonzados por ciertos sentimientos o pensamientos.
Podemos sentirnos avergonzados cuando nos divertimos, cuando nos sentimos bien, o cuando somos suficientemente vulnerables para mostrarnos a los demás.
Algunos de nosotros nos sentimos avergonzados por el simple hecho de ser.
La vergüenza es un hechizo que otros nos echan encima para controlarnos, para que sigamos desempeñando nuestro papel en sus sistemas disfuncionales. Es un hechizo que muchos de nosotros hemos aprendido a echarnos encima solos.
Aprender a rechazar la vergüenza puede cambiar tu calidad de vida. Está bien que seamos lo que somos. Somos suficientemente buenos. Nuestros sentimientos están bien. Está bien nuestro pasado. Está bien tener problemas,cometer errores y batallar para encontrar nuestro camino. Está bien ser humanos y apreciar nuestra humanidad.
Aceptarnos a nosotros mismos es el primer paso hacia la recuperación.Dejar ir la vergüenza acerca de quienes somos es el siguiente paso importante.

“Hoy vigilaré las señales que me indican que he caído en la trampa de la vergüenza. Si me hundo en la vergüenza, saldré aceptándome a mí mismo y afirmando que está bien ser como soy”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Febrero 2… Confiemos en nuestro Poder Superior

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Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos. (Paso Tres de Al-Anón).

Se habla mucho acerca de un Poder Superior, Dios, tal y como nosotros lo concebimos. Sentimos gran alegría cuando empezamos a entenderlo a El.
La espiritualidad y el crecimiento espiritual son la base del cambio. Recuperarse de la codependencia no es una tarea de “hágalo usted mismo”.
¿Es Dios un capataz implacable? ¿Un mago de duro corazón que nos avergüenza con trucos sacados de la manga? ¿Esta sordo Dios? ¿Es descuidado? ¿Nos abandonara a nuestra suerte? ¿Rencoroso?
No.
Un Dios amoroso, un Dios a quien le importamos. Ese es el Dios de nuestra recuperación. No más dolor que el que es necesario para nuestra curación y purificación. Tanta bondad y alegría como nos quepan en el corazón, en cuanto nuestro corazón se haya curado, esté abierto y listo para recibir. Dios: que nos aprueba, que nos acepta, que nos perdona al instante.
Dios ha planeado darnos algunos regalitos para iluminar nuestro día, y a veces, sorpresas grandes, encantadoras, en el momento perfecto, perfectas para nosotros.
Maestro Artista, Dios tejerá juntas todas nuestras alegrías, tristezas y experiencias para crear un retrato de nuestra vida con profundidad, belleza, sensibilidad, color, humor y sentimiento.
Dios, tal como nosotros lo concebimos: un Dios amoroso. El Dios de nuestra recuperación.

“Hoy me abriré al cuidado de un Dios amoroso. Luego, dejaré que Dios me muestre Su amor”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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Febrero 1… Paso Dos

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Llegamos al convencimiento de que un Poder Superior podría devolvernos al sano juicio. (Paso Dos de Al-Anón).

Legamos a crecer en una vida mejor a través del enorme regalo de otras personas de escucharlas, de observarlas, de ver cómo funciona en sus vidas el regalo de la recuperación.
Hay un Poder Superior a nosotros mismos. Hay una verdadera esperanza de que ahora las cosas serán diferentes y mejores para nosotros y para nuestra vida.
No estamos dentro de un programa de “hágalo usted mismo” . No tenemos que hacer uso de nuestra fuerza de voluntad para cambiar. No tenemos que forzar a que ocurra nuestra recuperación. No tenemos que obligarnos a salir del estado en que nos encontramos, ya que creemos que hay un Poder que es Superior a nosotros mismos y que este poder es el que obrará en nuestra vida. Este poder hará por nosotros lo que nuestros mayores y más diligentes esfuerzos no pueden conseguir.
Nuestro Poder Superior nos restaurará a una vida sana y beneficiosa. Lo único que hacemos nosotros es creer en él. Mira. Observa. Ve a la gente que te rodea. Ve cómo se ha curado. Y luego, descubre tu propia fe. Tu propia creencia, tu propia curación.

“Hoy, a pesar de mis circunstancias, creeré hasta donde soy capaz que un Poder Superior a mí mismo puede restaurarme a una forma sana de vivir en paz, y que así lo hará. Luego, me relajaré y permitiré que Él lo haga”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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