Junio 2… Adueñémonos de nuestro poder

No tenemos por qué darle tanto poder a los demás y tan poco a nosotros mismos. No tenemos por qué darle tanto crédito a los demás y tan poco a nosotros mismos. En la recuperación de la codependencia aprendemos que hay una gran diferencia entre la humildad y el menospreciarnos a nosotros mismos.
Cuando los otros actúan en forma irresponsable e intentan culparnos a nosotros de sus problemas, ya no nos sentimos culpables. Los dejamos que se enfrenten a sus propias consecuencias.
Cuando los demás dicen tonterías, no nos cuestionamos nuestra propia manera de pensar.
Cuando otros tratan de manipularnos o explotarnos, sabemos que está bien sentir ira y desconfianza y decirle no al plan.
Cuando los otros nos dicen que queremos algo que en realidad no queremos, o cuando alguien nos dicen que no queremos algo que sí queremos realmente, confiamos en nosotros mismos.
Cuando los otros nos dicen cosas que no creemos, sabemos que está bien confiar en nuestros instintos. Siempre podemos cambiar de opiniones después.
No tenemos por qué renunciar a nuestro poder personal por nadie: extraños, amigos, cónyuges,, hijos, figuras de autoridad o aquellos para quienes nosotros somos la autoridad. La gente puede tener cosas que enseñarnos. Pueden tener más información que nosotros y parecer más confiados o poderosos que lo que nosotros nos sentimos. Pero somos iguales. Ellos no tienen nuestra magia. Nuestra magia, nuestra luz, está en nosotros. Y es una luz tan brillante como la suya.
No somos ciudadanos de segunda clase. Al ser dueños de nuestro poder, no tenemos por qué volvernos agresivos o controladores. No tenemos por qué menospreciar a los demás. Pero tampoco tenemos por qué menospreciarnos a nosotros mismos.

“Hoy seré dueño de mi poder con la gente. Me dejaré saber lo que sé, sentir lo que siento, creer en lo que creo y ver lo que veo. Estaré abierto a cambiar y a aprender de los demás y de la experiencia, pero también confiaré en mí mismo y me validaré. Me basaré en mi propia verdad”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Mayo 22… Tiempo de reprogramar

No pidas amor hasta que estés listo para estar sanado lo suficiente para dar amor y recibirlo.
No pidas alegría hasta que estés listo para sentir tu dolor y liberarlo, para que puedas sentir alegría.
No pidas el éxito hasta que estés listo para conquistar las conductas con las que lo sabotearías.

¿No sería bueno que pudiéramos imaginarnos que tenemos o nos hemos convertido –y luego que hemos recibido de inmediato- en aquello que queríamos? Podemos tener y ser todo lo bueno que queramos. Todo lo bueno es nuestro si lo pedimos. Pero primero se debe sembrar el campo, hacer un trabajo de preparación.
Un jardinero no plantaría las semillas a menos que la tierra estuviera adecuadamente preparada para cobijar y alimentar esas semillas. Plantarlas sería un esfuerzo desperdiciado. Sería para nosotros un esfuerzo desperdiciado tener lo que queremos antes de estar listos para ello.
Primero necesitamos hacernos conscientes de nuestro deseo o necesidad. ¡Esto puede no ser fácil! Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a callar la voz interior de nuestros deseos y necesidades. A veces, la vida tiene que trabajar muy duro para captar nuestra atención.
Luego dejamos ir nuestra vieja “programación”, las conductas y creencias que interfieren con fomentar y promover lo bueno. Muchos de nosotros tenemos fuertes programas de sabotaje, aprendidos desde la niñez, de los que necesitamos liberarnos. Podremos necesitar “actuar como si” durante un tiempo hasta que se vuelva realidad la creencia de que merecemos lo bueno.
Combinamos este proceso con mucho dejar ir, mientras nos está cambiando hasta la médula. Hay una naturalidad en este proceso, pero puede ser intenso. Se lleva su tiempo. Las cosas buenas son nuestras si las pedimos, si estamos dispuestos a participar en la labor de preparar el campo. Trabaja y espera.

“Hoy, Dios mío, dame el valor para identificar el bien que quiero en mi vida y para pedirlo. Dame también la fe y la energía que necesito para llevar a cabo la labor de preparación que debo hacer primero”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Mayo 13… ¿Quién es el propietario?

Una herramienta útil en nuestra recuperación, especialmente en la conducta que llamamos desapego, es aprender a identificar quién es propietario de qué. Luego dejamos que cada persona posea la propiedad que legítimamente le corresponde.
Si otra persona tiene una adicción, un problema,un sentimiento, o una conducta contraproducente, ésa es su propiedad, no la nuestra. Si alguien es un mártir, está inmerso en la negatividad, es controlador o manipulador, ése es asunto suyo, no nuestro.
Si alguien ha actuado de cierta manera y ha experimentado una consecuencia particular, tanto la conducta como la consecuencia le pertenecen a esa persona.
Si alguien está en negación o no puede pensar claramente acerca de un asunto en particular, esa confusión le pertenece a él o a ella.
Si alguien tiene una capacidad limitada para amar y ser solícito, o está impedido para ello, ésa es su propiedad, no la nuestra. Si alguien no tiene aprobación o cariño para dar, eso es propiedad de esa persona.
Las mentiras de la gente, sus engaños, trucos, manipulaciones, conductas abusivas, conductas inadecuadas y conductas tramposas, le pertenecen a ella también. No a nosotros.
Las esperanzas y sueños de la gente son propiedad suya. Sus sentimientos de culpa le pertenecen también. Su felicidad o su desdicha es también suya. Y lo mismo sus creencias y mensajes.
Si algunas personas no se gustan a sí mismas, ésa es su elección. Las elecciones de los demás son de su propiedad, no de la nuestra.
Lo que la gente opta por decir y hacer es asunto suyo.
¿Qué es propiedad nuestra?
Nuestra propiedad incluye nuestras conductas, problemas, sentimientos, felicidad, desdicha, alternativas y mensajes; nuestra capacidad para amar, para ser solícitos y cariñosos; nuestros pensamientos, nuestra negación, nuestras esperanzas y nuestros sueños. Si permitimos que nos controlen, nos manipulen, nos engañen, o nos maltraten, eso es asunto nuestro.
En la recuperación aprendemos a tener un sentido adecuado de la propiedad. Si algo no es nuestro, no lo tomamos. Si lo tomamos, aprendemos a regresarlo. Dejemos que los demás tengan sus propiedades y aprendamos a poseer y a cuidar bien de las nuestras.

“Hoy trabajare por desarrollar un sentido claro de lo que me pertenece y de lo que no. Si no es mio, no me quedare con el. Yo lidiare conmigo mismo, con mis asuntos y mis responsabilidades. Quitare las manos de lo que no es mio”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 11 de Mayo

De todos los juicios que nos hacen en la vida ninguno es tan importante como el que nos hacemos nosotros mismos, pues ese juicio toca el centro mismo de nuestra existencia.
Ningún aspecto significativo de nuestro pensamiento, motivación, sentimientos o conducta queda inalterable a causa de nuestra autoevaluación…
El primer acto de honra al yo es la afirmación de la conciencia: la elección de pensar, de estar conscientes de, de enviar la luz de la conciencia fuera de nosotros hacia el mundo y hacia dentro al interior de nuestro propio ser. Fracasar en este esfuerzo es fracasar en el yo en el nivel más básico.
Honrar al yo es estar dispuestos a pensar en forma independiente para vivir de acuerdo a nuestro criterio, y asumir con valor nuestras propias percepciones y juicios.
Honrar al yo es estar dispuestos a saber no sólo lo que pensamos sino también lo que sentimos, lo que queremos, lo que necesitamos, lo que deseamos, acerca de lo que sufrimos, qué nos asusta o nos enoja, y aceptar nuestro derecho a experimentar esos sentimientos. Lo opuesto a esta actitud es la negación, el desconocimiento, la represión el autorrepudio.
Honrar al yo es preservar una actitud de autoaceptación, lo cual significa aceptar lo que somos, sin auto-opresión o autocastigo, sin ningún fingimiento acerca de la verdad de nuestro propio ser, fingimiento destinado a engañarnos ya sea a nosotros mismos o a cualquier otro.
Honrar al yo es vivir auténticamente, es vivir y actuar desde nuestras más profundas convicciones y sentimientos.
Honrar al yo es rehusarse a aceptar sentimientos de culpa inmerecidos, y hacer lo mejor posible por corregir aquellos sentimientos de culpa que nos podamos haber ganado. Honrar al yo es estar comprometidos con nuestro derecho a existir el cual procede del conocimiento de que nuestra vida no le pertenece a los demás y de que no estamos en la Tierra para vivir de acuerdo con las expectativas de nadie. Para mucha gente, esta es una responsabilidad aterrorizante.
Honrar al yo es estar enamorados de nuestra vida, enamorados de nuestras posibilidades para crecer y para experimentar júbilo, enamorados del proceso de descubrimiento y de exploración de nuestras potencialidades humanas distintivas.
Así, podemos empezar a ver que honrar al yo es practicar el egoísmo en el sentido más alto, más noble y menos comprendido de esa palabra. Y esto, les diré, requiere de una enorme independencia, valor e integridad.

(Nathaniel Branden de su Libro Honoring the Self (Honrando al yo).

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Mayo 11… Perfección

Muchos de nosotros nos criticábamos sin misericordia antes de la recuperación. También podemos tener la tendencia a criticarnos después de empezar la recuperación.
“Si realmente me estuviera recuperando, no estaría haciendo eso de nuevo…” Debería estar más adelantada de lo que estoy”. Estas son afirmaciones en las que caemos cuando estamos sintiendo vergüenza. No necesitamos tratarnos a nosotros mismos de esa manera. No hay ningún beneficio en ello.
Recuerda, la vergüenza nos bloquea, pero el amor propio y la aceptación nos permiten crecer y cambiar.Si realmente hemos hecho algo de lo que nos sentimos culpables, podemos corregirlo con una reparación del daño y con una actitud de autoaceptación y amor.
Aunque recaigamos en nuestras viejas, codependientes maneras de pensar, de sentir y de comportarnos, no necesitamos sentirnos avergonzados. Todos tenemos regresiones de vez en cuando. Así es como aprendemos a crecer. La recaída, o reciclaje, es una parte importante y necesaria de la recuperación. Y la manera de salir del reciclaje es no avergonzándonos a nosotros mismos. Eso nos hunde más hondo en la codependencia.
El exceso de dolor viene de tratar de ser perfectos. La perfección es imposible a menos que pensemos en ella de una nueva manera: perfección es ser quienes somos y donde estamos hoy; es aceptarnos y amarnos tal como somos. Todos estamos justo donde debemos estar en nuestra recuperación.

“Hoy me amare y me aceptare como soy sin importar donde este dentro de mi proceso de recuperación. Estoy justo donde necesito estar para ir desde ahí a donde voy a ir mañana”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Mayo 4… Libérate de los trastornos compulsivos

Gracias por haberme mantenido sobrio ayer. Por favor ayúdame a permanecer sobrio hoy. (Paráfrasis de Alcohólicos Anónimos).

Cuando empecé a recuperarme de la codependencia, estaba furiosa por tener que empezar otro programa de recuperación. Siete años antes había empezado a recuperarme de la dependencia química. No me parecía justo que una persona tuviera que tratar dos cuestiones importantes en una sola vida.
He superado mi ira. He aprendido que mis recuperaciones no están aisladas una de la otra. Muchos de nosotros nos estamos recuperando de la codependencia y de cuestiones relativas al hecho de ser hijos adultos de alcohólicos y también de adicciones al alcoholismo, a otra dependencia, a las drogas, al juego, a la comida, al trabajo a la adicción sexual. Algunos de nosotros estamos tratando de liberarnos de otros trastornos compulsivos, que van desde cuidar obsesivamente a los demás a sentirnos compulsivamente desgraciados, culpables o avergonzados.
Una parte importante de nuestra recuperación de la codependencia es permanecer sobrios y libres de nuestras conductas compulsivas o adictivas. La recuperación es un gran salón al que hemos entrado y que se llama “vivir sanamente”.
Podemos hacer ondear la bandera blanca o someternos a todas nuestras adicciones. Podemos volvernos a un Poder Superior a nosotros mismos para que nos libere de nuestra conducta compulsiva. Eso lo sabremos ahora. Una vez que empecemos a trabajar activamente un programa de recuperación, Dios nos liberará de nuestras adicciones. Todas las mañanas pídele a Dios que te ayude a permanecer libre de tus adicciones y compulsiones. Dale gracias por haberte ayudado el día anterior.

“Hoy, Dios mío, ayúdame a poner atención a todas las cuestiones de mi recuperación. Ayúdame a saber que antes que pueda trabajar en los puntos más sutiles de mi recuperación, tales como mis relaciones, debo estar libre de conductas adictivas”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Mayo 1… Plegaria de la recuperación

Esta plegaria se basa en una sección del Gran Libro de Alcohólicos Anónimos:

“Gracias por haberme mantenido sobrio ayer. Por favor ayúdame a permanecer sobrio hoy. Para las próximas veinticuatro horas, oro pidiendo conocer Tu voluntad únicamente para mí y la fuerza para cumplirla. Por favor libera mí pensamiento de la obstinación, del egoísmo, de la deshonestidad y de las motivaciones erróneas. Envíame pensamientos, palabras y acciones rectos. Enséñame cuál debe ser mi siguiente paso. En tiempos de duda indecisión, mándame por favor Tu inspiración y guía. Te pido que me ayudes a resolver todos mis problemas para Tu gloria y honra.”

Esta plegaria es una plegaria de recuperación. Nos puede apoyar en cualquier situación. En los días siguientes exploraremos las ideas que contiene. Si rezamos esta plegaria, podemos confiar en que será respondida con un “sí”.

“Hoy confiaré en que Dios hará por mí lo que no puedo hacer yo solo. Yo haré mi parte, trabajando los Doce Pasos y dejando que Dios haga el resto”.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).